Me preguntó una joven amiga so-bre el porqué de la admiración que muchos le profesan al presidente Álvaro Uribe Vélez.
Ella no comprendía cómo tanta gente lo seguía a pesar -en sus palabras- “de lo que de él se decía”.
La edad de la curiosa chica me hizo comprender que no pudo llegar a sentir lo que muchos colombianos tuvimos que padecer antes de Uribe.
Aún recuerdo esa espantosa sensación de verme secuestrado en la ciudad, era una aventura mortal tomar una carretera en aquel entonces.
Pero todo cambió gracias a la política de Seguridad Democrática y Colombia entera se volcó a viajar y a sentir su país como nunca antes.
Recuerdo como al transitar por las vías veíamos apostados a lado y lado miles de soldados custodiando y protegiendo a la población.
Y al sabernos seguros y dueños de nuestro país los saludábamos con el pulgar en alto y con infinita gratitud.
Pero eso es historia… Una historia que la tenemos clara quienes la vivimos pero que es tristemente indiferente a las nuevas generaciones que tuvieron la fortuna de crecer en un país más seguro.
Esa admiración y gratitud no la destruirá nada ni nadie porque Uribe supo ena-morarnos. Pero como lo expresé… eso ya es historia.
Mañana serán nuevas generaciones quienes decidirán el futuro.
Y si la esperanza es evitar que en nuestro país germine el germen del Socialismo del Siglo XXI, el hoy presidente electo tendrá la misión de enamorar, seducir y encantar a esas nuevas generaciones tal y como lo hizo Uribe en su momento… Un gran gobierno es la solución y cuatro años para lograrlo.
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