Los Estados Unidos de América, así como otras naciones del hemisferio americano, también ha dejado un legado de dolor y muerte mediante el holocausto en medio del látigo y la humillación del blanco en los tiempos de la esclavización del hombre negro sacado de áfrica bajo condiciones infrahumanas para ser vendidos a homicidas que vivían de esa práctica mercantil que sin ninguna compasión decidían incluso por la vida de los negros que compraban al mejor postor.
Las practicas esclavistas en este país del norte llegaron a tal extremo que los negros eran considerados objetos o cosas sin alma y sin sentimientos quienes por esa condición impuesta por el hombre blanco, podían ser sometidos a cualquier práctica y si morían era parte de los gajes del oficio hasta el punto de darse el lujo de dejar sus cuerpos a la intemperie colgados de un árbol ahorcados, presa de los animales y necrófagos como escarmiento hacia los negros para que no escaparan de las plantaciones y las barracas.
Durante 400 años este país hoy considerado como potencia mundial, sometió al negro a los más degradantes procesos de esclavización con el propósito de hacer fortunas a ultranza de sus principios éticos y morales que desde mi concepción humanista eran inversamente proporcional con el derecho a la vida.
Teniendo en cuenta que la autodeterminación, así como el anhelo de libertad son principios retóricos que incluso están en los genes del hombre, hoy nos ocuparemos de hablar de una mujer esclavizada que por su condición pasa a la historia por su enorme capacidad de resiliencia, inteligencia habilidad y estrategias en procura de la libertad del hombre negro sometido por el blanco.
El ferrocarril subterráneo
De esta afroamericana se puede decir que fue una luchadora por la libertad de los esclavizados en los Estados Unidos, en su odisea libertadora realizó trece misiones de escape en las que liberó a cerca de setenta esclavizados utilizando la red antiesclavista conocida como ferrocarril subterráneo.
Durante su niñez fue apaleada y golpeada con látigo por varios de sus propietarios. Siendo adolescente, sufrió una fuerte herida en la cabeza cuando uno de sus “propietarios” la alcanzó accidentalmente con un objeto pesado que había lanzado contra otro esclavizado. Como consecuencia de la herida, sufrió de apoplejía manifestando dolores de cabeza, visiones y episodios de hipersomnia a lo largo de toda su vida.
Dice la historia que su madre fue asignada como criada a la casa del patrón, desde niña Harriet tuvo que cuidar a un hermano menor y a un bebé. A la edad de seis años, la empleó como niñera una mujer de nombre «Miss Susan». A Tubman se le encomendó vigilar a un recién nacido. Si el niño se despertaba llorando, Tubman era azotada sin piedad. Ella contaba que una vez fue flagelada hasta cinco veces antes del desayuno, luego la obligaban a comer delante de los esclavistas. Las cicatrices ocasionadas la dejarían marcada por toda su vida.
En una ocasión, amenazada tras robar un terrón de azúcar, Tubman se escondió en una pocilga cercana durante cinco días; allí se alimentó de la comida que echaban a los animales. Tras ser descubierta regresó a la casa de Miss Susan donde recibió una dura paliza. Para protegerse de los latigazos, en muchas ocasiones se vestía con varias capas de ropa. En otra ocasión, mordió en la rodilla a un amo que la estaba golpeando, tras ello el hombre no volvió a flagelarla.
Tubman trabajó también en la casa de un hacendado de nombre James Cook, donde se la encomendó vigilar las trampas para los ratones de un pantano cercano. Como la obligaban a trabajar en aguas muy frías, enfermó y fue devuelta a casa, donde su madre cuidó de ella hasta su recuperación. Después fue obligada a trabajar a varias granjas. A medida que crecía se le asignaron trabajos de campo cada vez más degradantes y duros como arar o transportar troncos y leña.
Luego de haber ayudado a cientos de negros para que lograran escapar, Tubman pensó que era el momento de su libertad y tomó la decisión de escapar del látigo y la opresión del hombre blanco fue así como huyó junto a sus hermanos Ben y Henry el 17 de septiembre de 1849, viajando de noche para no ser vista por los mercaderes de negros; viajó rumbo a Pensilvania durante dos semanas en un trayecto de 145 kilómetros guiada por la estrella polar.
Cuando llegó a su destino sintió una mezcla de alivio y emoción. Años después, al recordar la experiencia, dijo: «Cuando supe que había atravesado la frontera, miré mis manos para comprobar si seguía siendo la misma persona. El sol con sus rayos dorados atravesaba los árboles y caía sobre los campos y yo sentí que estaba en el Cielo».
La esclavitud en los Estados Unidos fue abolida por la Proclamación de Emancipación del año 1863, promulgada por el presidente Abraham Lincoln quien fue asesinado a dos metros en un teatro en plena Guerra de Secesión.
Hoy el presidente Joe Biden propone que el nombre y el retrato de Harriet Tubman, aparezca en los billetes de 20.000 dólares como un gesto de justicia y memoria a una mujer que procuró la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos.
¿Será que ese reconocimiento se podrá replicar en Colombia?
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