Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Gabo silvano

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Los escritores suelen buscar reconocidos intelectuales para encargarles prólogos que garanticen éxitos editoriales. Gabriel García Márquez, por ejemplo, fue un prologuista muy selecto; afortunados quienes lograron quitarle tiempo hasta obtener sus conceptos premonitorios.

Si las antiguas ediciones de libros o sus reimpresiones, tienen prólogo de García Márquez, se venderán sin recato. Algunos tendrán como destino las librerías de usados donde van a parar las bibliotecas de los difuntos bibliófilos, conformando museos o anticuarios con libros leídos por varias generaciones.

Mi costumbre de merodear por tales lugares me encaminó a la Esquina del Libro, legada por Don Vicente, cerca al bulevar; ocurriéndome como al buen billarista que hace carambola: descubrí un libro con el mejor prólogo de Gabo, contenía toda la obra poética de José Asunción Silva , y además, traía “De sobremesa”, novela desconocida del poeta suicida.

Leyendo su prólogo, imaginé a Silva reencarnado en Gabo, por la manera particular del Nobel narrar anécdotas casi personificando al mismo poeta que contara sus secretos y explicara la novela, al estilo de “Vivir para contarla”. Gabo, con su prólogo del centenario, hizo un gran homenaje a aquel libro raro, que conoció cuando en 1946, en edición vieja de imprenta, que le presentó y analizó su profesor de literatura Carlos Julio Calderón.

Al cumplirse un siglo, fue reivindicado por la Casa Silva, en 1996; María Mercedes Carranza le encargó a Gabo el prólogo.

Gracias a su pluma prologuista, la novela no seguiría marginada. Gabo, nostálgico, lamentó por no haberlo hecho de estudiante como si fuera su mejor tarea cuando el profesor Calderón le reseñó una primera edición, original de 1897, de museo. Definitivamente: Gabo silvano.

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