Funerales solitarios

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

En las guerras y en la pandemia del Covid-19 se pierde el derecho a acompañar al amigo en el hospital y/o despedir su cuerpo inerte. Aunque por distintas causales, sin embargo serán similares los padecimientos de soledad y de ausencia, tanto en los aislados como en los plagiados. En las guerras sucias los familiares tienen la esperanza de resarcir el derecho a saber dónde quedó el cuerpo al hallar su tumba anónima.

Esa posibilidad no le asiste a los dolientes y a los amigos de las víctimas del coronavirus, ese pueril y letal enemigo invisible. Las medidas de contención contra su expansión hacen que se pierda el derecho a un sepelio digno, inclusive en casos de fallecimientos por otras causas. Solamente hasta diez dolientes pueden asistir a las funerarias y en el acompañar los traslados de despojos mortales hasta la tumba.

Fueron sepelios injustos, por su soledad obligada, de: la educadora Gloria Rincón, Santiago García, figura nacional del teatro y del líder sindical Alex Franco. Las noticias nos dejaron estupefactos a sus amigos e impotentes ante la restricción del derecho a expresarles presenciales condolencias a los familiares. Quedamos impedidos de compartir en sus despedidas simbólicas.

Sin pandemia, los duelos de sus madres se hubieran aliviado un poco en las funerarias cuando ellas se percataran como tantas personas querían a sus hijos. En tiempos del Covid-19 el virus mata hasta los muertos. Les niega un sepelio digno y a sus amigos el derecho a ofrecerles una rosa blanca, expresarles un epitafio y arrojarles un puñadito de tierra al momento de tapar su sepultura.

Comments

Comparte esta noticia...
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar