Si escuchamos detenidamente la canción del Grupo Farallones en homenaje a la ciudad cuando Cali cumplía 450 años de “fundado”, percibimos que su primer verso pregona un pretérito nostálgico: “El 25 de julio de 1536/ cuando llegó Don Sebastián al caserío/ eran cinco mil mis vecinos/ tiempos de bonananza / era un lindo parador en el camino/ eran valientes con causa que labraban mi tierra/ y compartían su paz los sembradores de esperanza…”.
La canción intuye que había un villorrio pacífico que no necesitaba que un español viniese a poner la primera piedra, por ende, cumplimos más de medio milenio y no necesariamente en la última semana de julio.
Además, los conquistadores españoles en sus disputas, animados con su rezagada concepción feudal, se distinguieron por su manía refundadora, para extender las jurisdicciones de que se apropiaban para engrandecer sus poderes territoriales.
Por eso los historiadores no se han puesto de acuerdo sobre las refundaciones que de nuestra ciudad hicieron los conquistadores: que fue en la cabecera del río Calima; que donde hoy está Vijes; que al norte del Valle sobre las riberas del río Cauca; que donde estaban asentados los indios gorrones; que en Bolívar o en Roldanillo.
Mejor dicho, hay bastante trabajo para los historiadores; que aclaren cuál fue la inicial jurisdicción municipal trazada por la Corona Española, antes que se restablezca la cátedra de historia; sino los muchachos recurrirán al Dios Google con la esperanza que él los saque del embrollo, dispuestos a controvertir a sus profesores.
Lo cierto es que nuestra ciudad fue fundada hace milenios por cinco mil vecinos que compartían su paz como sembradores de esperanza.
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