Francesco Belli ha viajado desde Italia, una tierra arrasada por la hecatombe del covid-19, que nos avisó de lo dantesco de esa tragedia, y llega cargado de música para hacernos felices.
En esta temporada ha dirigido dos conciertos de la orquesta filarmónica de Cali, que cada día suena mejor, y sus manos hacen magia, subvierte el mundo, crea una atmósfera especial que nos sustrae de lo apretado de algunos días.
Suavemente va llevando a la orquesta, que en su primer concierto tuvo más de 60 músicos e interpretó Sherezade de Korsakov, y en su segundo concierto nos hizo palpar lo sutil con la sinfonía No. 3 de Shubert, amén de los solistas interpretando a Mozart, creando en el público un especial estado emocional que merece un reconocimiento enfático, para este consagrado director.
Belli baila, se divierte, se entrega, exige, y nos llena de alegría con su batuta y fuerza que despliega en la peana que recibe su enorme humanidad.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar





