Desde este martes 11, hasta el sábado 15 de septiembre, se celebra en nuestra ciudad el XVIII Festival Internacional de la Poesía, con la asistencia de poetas nacionales e invitados especiales de varios países.
Es un evento que bien merecemos porque Cali fue cuna de Jorge Isaacs, el gran poeta del siglo XIX, y de una pléyade de versistas que registran los parnasos.
En distintas oportunidades esta urbe se honró teniendo de huéspedes a Jorge Luis Borges y a Pablo Neruda.
Pero que hable de merecimientos, no es óbice para reconocer que a la par de los 18 festivales internacionales, los mayores hemos sido y seguimos indiferentes en la sensibilización con metáforas de las nuevas generaciones.
Desaparecieron de los colegios los lunes de homenaje a la bandera donde los niños declamaban.
Análogo a lo que ocurre en las emisoras que por difundir reguetones que sólo repiten grotescos estribillos, optan por engavetar las baladas, es decir, silenciar los bellos sonetos envueltos en finos estuches musicales.
Tampoco podemos pasar por alto nuestra irreverencia con la memoria esculpida de los poetas vallecaucanos, sería como tratar de tapar el sol con una mano: el parque designado en su homenaje, contiguo a la Ermita, más que un digno recinto, se parece a un cementerio de los poetas muertos.
Para que la poesía seduzca al hombre común que transita por la calle, habrá que sacarla de los salones donde sólo acuden los intelectuales, para posicionarla en el parque que un día se destinó en homenaje a los poetas.
Para que nuevos versos enriquezcan los parnasos, se necesitan semilleros de poetas jóvenes.
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