“¿Será rentable?”: preguntamos cuando nos aventuramos con un proyecto comercial o empresarial.
Procedemos a medir ingresos, costos, gastos y anticipamos lo inimaginable.
Proyectamos en el incierto futuro y calculamos el tiempo en el que recuperaríamos el capital invertido y si las ganancias superarían los rendimientos que nos daría el banco si dejásemos nuestro dinero quieto.
Si el emprendimiento es atractivo en dinero contante y sonante concluimos entonces que el proyecto es financieramente viable. Esa es la lógica del sector privado y así y sólo así debe operar para garantizar la eficiente oferta de bienes y servicios en una sociedad.
Sin embargo, existen ciertos bienes esenciales cuya obtención sería imposible si dependieran de una evaluación financiera… Bienes cuyo valor superan al oro.
Ejemplo son la educación, la justicia, la salud, la seguridad, el agua potable e incluso la garantía de un medio ambiente sin contaminación.
Debido a que este tipo de bienes tienen un valor que trasciende lo monetario se hace necesario emplear otra lógica de evaluación, criterios que los economistas llamamos sociales y que involucran a la sociedad en su conjunto e incluso llegan a incorporar a las generaciones que están por venir.
El crecimiento y expansión de las ciudades han hecho que un bien específico deba ser ya incluido en el abanico de estos bienes esenciales: la movilidad.
¿Se puede dudar de su importancia en la generación de valor o bienestar? En el caso particular del MIO en Cali, los caleños debemos rodear a la administración municipal para que este servicio público esencial logre salvar los obstáculos que hoy enfrenta y llegue a operar como bien la ciudad merece.
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