La cuarentena inició el 24 de marzo. Los caleños llevábamos ya tres días más de encierro por cuenta del toque de queda, por lo que a la fecha de esta nota, completamos ochenta días de reclusión ¡Dos Cuarentenas!
Las consecuencias del obligado recogimiento serán muchas, entre las cuales estarán la de haber evitado un colapso sanitario y una gran mortalidad por causa del virus… seguramente.
Pero también entre sus efectos contaremos con una crisis económica y financiera que aquejará a muchos. Y las secuelas emocionales sí que darán de qué hablar, si es que no lo están haciendo ya.
La reclusión aún no ha terminado y es posible que la normalización de nuestras vidas –sin esos espantosos tapabocas- sea lejana. Es muy difícil por tanto no caer presa de la angustia y de la desesperanza.
Pero es en estos difíciles momentos que debemos, tenemos que ser positivos. Y precisamente en tiempos desesperados recuerdo siempre la leyenda sobre un viejo sabio –dicen que fue Confucio- que hizo imprimir unas palabras sobre una medalla para obsequiárselas a su poderoso monarca. El deseo era que aquellas palabras grabadas e inmortalizadas en tal precioso objeto obrasen como un mantra esperanzador en las situaciones de crisis y angustia. Pero también, que ese mensaje se convirtiera, para el poderoso emperador, en una especie de ancla a tierra que le recordase lo veleidoso que puede llegar a ser el destino cuando se sintiese feliz y lleno de triunfos. El monarca abrió la tapa de la dorada medalla y leyó esta frase, palabras que me digo a mí mismo hoy y que digo a ustedes: “Esto también pasará”.
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