Escribo esta nota el primer día de libertad; sí, el primer día en que se suprime el aislamiento obligatorio. Son muchas emociones las que me invaden, principalmente el miedo. Hago un sucinto balance de lo que han sido estos más de ciento sesenta días de cuarentena. Emocional, sicológica e incluso hasta físicamente han sido un reseteo.
Pero al hacer un balance financiero, encuentro cuantiosas pérdidas y un cúmulo de obligaciones que pesan como una cruz. Que me atormentan como si fuesen un inmenso monstruo hambriento al cual debo enfrentar allá afuera con las manos vacías. Pero también hay en las calles otro maligno y temeroso ser. Uno que puede enfermarme, tirarme a una cama e incluso arrastrarme al oscuro sueño eterno. Pero no hay opción. Debo salir y enfrentarme a ellos… ¿Puedo escoger a cuál de ellos encarar?
Ulises, el protagonista de la Odisea tuvo que hacerlo. Tenía que atravesar con su barco por un escollo donde a uno de sus lados estaba el monstro Escila, un ser espantoso con seis cabezas hambrientas unidas a un tronco por seis largos y serpentosos cuellos. Al otro lado, Caribdis, una monstruosidad escondida detrás de un denso follaje y que absorbía en un terrible remolino todo lo que osara pasar por su lado.
“Del mal, el menos”, concluyó Ulises; y dirigió enseguida su navío al lado de Escila observando con angustia como aquel monstruo devoró sin piedad a seis de sus hombres. Pero Ulises sabía que si hubiese optado por pasar frente a Caribdis, todos habrían perdido la vida.
Hoy podemos salir a la calle… ¡Seamos sensatos y enfrentemos a Escila!
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