Era un guapo de verdad

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Cuando murió Pete “Conde” Rodríguez, hace veinte años, el periodista Esaud Urrutia Noel, escribió en su página informativa: “La generación que impuso el ritmo de la salsa en el mundo está a punto de extinguirse” (ante título).

Mucha razón, el 2000 había sido fatal para los grandes exponentes: Tito Puente, Mario Ortiz, Pete “Conde” Rodríguez, Humberto Cané y Pio Leyva.

La racha había iniciado con la muerte de Ismael Rivera en 1987 y de Héctor Lavoe en 1993. La fatalidad en el siglo XXI, se continuó con la muerte de Celia Cruz en el 2003.

Y la lista continuó con Rey Barreto. El mayor golpe lo sufrimos esta semana con la muerte de Johnny Pacheco. Cuando niño lo identificaba en las caratulas de los álbumes que se vendían porque su cara alegre y su cabello cenizo eran la garantía que contenían temas durísimos para los bailadores. Después, en mi adolescencia, hice largas colas en el teatro Bolívar, hasta que logré entrar a ver la película documental “Nuestra cosa Latina”.

Con el gran maestro de la salsa, con el creador de la Fania All Stars (socio del empresario y productor Jerry Masucci), con el director orquestal, se fueron su flauta y su güiro.

Considerado el Padre de la Salsa porque la supo derivar del son montuno y demás ritmos antillanos de Cuba, Puerto Rico y República Dominicana.

Nos dejó sus sonidos pachangueros: “Soy guapo de verdad”, “Acuyuyé”, “Recuerdos de Arcano” y la gran lista inigualable que conservan los coleccionistas con otros temas que prueban que fue un guapo de verdad.

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