Tiembla la democracia en Colombia. Preocupa lo que se ve venir. Hoy quería mencionar otros temas muy distintos a la política, pero no podemos esconder lo que pasó en la instalación del nuevo Congreso en la conmemoración de nuestra independencia y en una intervención del alcalde de Medellín, Daniel Quintero, el mismo día.
Tenaz como dicen los muchachos. Lo cierto es que a Duque le cobraron, según se supo, el no haber dado “mermelada” a todos los congresistas y eso los tenía molestos.
Decidieron, unidos a la izquierda, incluidos los que se denominan “comunes”, o sea los de las farc, irrespetar su investidura presidencial, sin esperar la intervención de la réplica a la que tienen derecho los de la oposición que, en este caso, se la dieron al “famoso” exguerrillero “Julián Gallo”, acusado de violar niños y niñas secuestrados para iniciarlos en el “arte de la guerra”.
Mejor dicho, la izquierda, feliz de tener el poder de la nación, así sea con una cuarto de población (no olvidar la votación de Rodolfo Hernández y de los 17, 2 millones que no votaron ni por el uno ni por el otro), sin importar el ser minoría en el Congreso pero, aupados con el beneplácito de reconocidos políticos de partidos tradicionales, veteranos en esas lides del debate político, hoy arropados con el traje del “pacto patriótico”, vaya a saber uno si por mucha mermelada ofrecida por don Roy Barreras o por otras gabelas propias del manido clientelismo que se practica por estos lares tropicales de la manigua suramericana.
Vamos a ver que se viene en los próximos días cuando se presente un proyecto para bajar el salario de los congresistas. Ya lo desaprobaron una vez.
Posiblemente, ocurra nuevamente pero, allí es donde queremos ver el talante del nuevo mandatario si está dispuesto a imponer un plan de austeridad y propone también, una reforma de ese Congreso, que, aparte de ser una vergüenza para la dignidad nacional, no justifica que esté integrada por tanta gente.
Con dos congresistas por departamento se puede realizar una labor en “beneficio del país”, eliminando una de las dos cámaras. Igualmente, una reforma a la justicia de nuestro país, que también es otra indignidad, a no ser que consideren que gracias a que lograron ideologizarla, jueces y Cortes, decidan, desde el alto gobierno, mirar para otro lado. Amanecerá y veremos.
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