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Entre reformas y extremismos

Víctor Manuel García

Desde que vivimos la contienda electoral, Gustavo Petro anunció públicamente y en su plan de gobierno su intención de adelantar sendas reformas en varios aspectos sensibles para el devenir nacional: la salud, pensiones, laboral y política.

Dos de estos cuatro asuntos (salud y sistema político), sin lugar a duda, merecen una urgente transformación, pues, poco a poco han venido desdibujándose con un asunto en común: el negocio.

El sistema de salud, si bien tiene una alta “cobertura”, cada vez tiene mayores problemas para brindar atención de calidad con oportunidad, especialmente en lo referente al régimen subsidiado, donde los problemas de intervención médica con los pacientes y el proceso de autorización de procedimientos son tortuosos para la población atendida en este segmento, que a su vez son los colombianos con menores posibilidades económicas.

Durante los últimos años y con la posibilidad latente de la llegada al poder del actual presidente, muchas EPS cerraron filas de la mano con algunos actores políticos en torno a crear el sofisma que en Colombia gozábamos de uno de los mejores sistemas de salud del mundo, sin embargo, la publicación anual de “World Population Review” donde analiza la infraestructura, la calidad de atención médica, la disponibilidad de medicamentos, entre otros factores, ubicó nuestro sistema de salud, para 2022, en el puesto 35, por detrás de Argentina, Ecuador y México en el caso latinoamericano.

En conclusión al estar en el puesto 35 y al revisar los puntajes obtenidos en este estudio, estamos lejos de ser uno de los mejores del mundo, tal y como se nos había dicho, tanto así que ni siquiera tenemos el mejor sistema de Latinoamérica sino el cuarto.

Es clara la necesidad de una transformación urgente del sistema, que de por sí es económicamente difícil de sostener, sin embargo tampoco se deben tomar determinaciones radicales de acabar con todo lo que existe y con algunos avances que se han logrado, como es el tema de infraestructura, algo que ha llevado a que en los últimos años siete de los mejores veinte centros de atención de América Latina, sean colombianos.

Sin embargo, esta infraestructura ha sido estudiada en los principales centros poblados del país, tal y como lo aclara los autores de dicho “ranking”, que por cierto ha causado polémica por el señalamiento del Presidente Petro de estar en el puesto 74 y no en el 35 como realmente sucedió.

Si tomamos por ejemplo la situación del Valle del Cauca en este sentido, que por cierto no es la más precaria del país, podemos ver realidades muy diferentes en las posibilidades y capacidades en la prestación del servicio de los centros hospitalarios ubicados en el departamento.

En el Valle es indiscutible la hiperconcentración de centros de salud con capacidad de atención de casos de alta complejidad en la capital, pues en las otras ciudades principales del departamento (Cartago, Tuluá, Buga, B/ventura), con excepción de Palmira, y a pesar de ser nodos de desarrollo que irradian a otros municipios de sus subregiones, es prácticamente nula la posibilidad de atención de casos que requieran un nivel de intervención más exigente a nivel médico, conllevando dificultades para los pacientes, para el personal médico y una presión adicional sobre la red hospitalaria de la ciudad de Cali, saturando en muchos casos sus capacidades de atención.

Los vallecaucanos, por ejemplo, deberíamos presionar a nuestros representantes y actores políticos del orden regional (diputados, gobernadores y congresistas), que aboguen urgentemente para mejorar esta situación.

No hay duda que el sistema de salud requiere una urgente transformación, pero esta debe estar más allá de intereses o ideologías políticas, esta es una discusión que se debe dar a nivel técnico y no se debe abordar como un pulso político, y allí es donde la ministra Corcho y los representantes de los partidos políticos se están equivocando.

Este no es un asunto donde se tenga que medir la ideología Vs el hambre económico y burocrático de algunos actores que hacen presencia en el congreso.

La salud es un asunto sensible donde no podemos equivocarnos porque está en “juego” la vida de los colombianos, es un tema que se debe asumir de manera técnica y políticamente pragmática por fuera de intereses politiqueros, unos intereses que han prevalecido gracias a la degradación de sistema electoral colombiano, otro aspecto que también se debe abordar y donde, en mi opinión las listas cerradas no son la solución, el sistema electoral empieza a mejorar cuando se adelanten verdaderos controles en terreno de los costos de las campañas de los candidatos, pero esa será una reflexión para más adelante.

Por ahora el gobierno, representado en sus ministros(as) y los actores políticos debe entender que para adelantar las reformas deben dejar de lado los pensamientos doctrinarios y extremistas o en su defecto el retrogrado pensamiento de mantener el “status quo”.

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