En el largo plazo…

Rodrigo Fernández Chois

“En el largo plazo todos estaremos muertos”, frase del economista John Maynard Keynes, máxima lapidaria que alberga inmensa sabiduría y sombrío pragmatismo. Al igual que el refrán “más vale pájaro en mano que cien volando”, la sentencia keynesiana tiene implícita la noción de que un peso consumido hoy vale más que uno gastado mañana, a menos que exista una tasa de rentabilidad que justifique un sacrificio.

Sin embargo, cuando los períodos de tiempo se extienden a más de un día para abarcar años, lustros, décadas y siglos, la valoración del “hoy” es considerable. Ese es el problema que surge cuando se enfrentan intereses de generaciones presentes con los intereses de generaciones futuras no nacidas.

El mandato de maximizar utilidades y asignar de la manera eficiente los recursos es una labor que ejecuta con éxito el capitalismo contemporáneo. Pero el inmenso costo que la humanidad asume por tan eficiente labor lo pagarán con creces las generaciones venideras. La contaminación y el calentamiento global son claro ejemplo.

El quid del asunto consiste en incrementar el valor que le demos a los recursos que serán utilizados no por nosotros sino por las generaciones futuras, esto significa pasar de ser los egoístas consumidores de hoy para convertirnos en altruistas intergeneracionales.

No son los burócratas ni los empresarios los llamados a hacer el cambio. Ellos deben seguir haciendo lo que a bien hacen: Los primeros defendiendo los intereses de los segundos y los segundos maximizando utilidades. El cambio lo gestamos nosotros: el eslabón final de la cadena del consumo, que es donde se escriben las reglas del juego económico en el que todos estamos inmersos.

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