Vivimos días difíciles. La ansiedad post y preelectoral nos tiene en una tensión permanente, tangible.
La incertidumbre frente a quién será el próximo presidente de Colombia, sumado al temor que despierta uno de los candidatos en una porción amplia de la sociedad, tiene a los caleños inquietos, algunos paralizados, otros con la maleta empacada, y otros moviéndose como pueden por el candidato de su preferencia.
Y aunque todas las miradas están puestas, con razón, en el 19 de junio, vale la pena pensar en lo que viene, no como un análisis general de la situación del país dependiendo de quién preside a Colombia (de esos ya hay muchos), sino personal, individual, sobre qué vamos a hacer por y para nuestra ciudad, Cali.
¿Vale la pena trabajar por la ciudad? ¿Nos quedamos y trabajamos para que prospere, independiente de quién quede en cabeza del gobierno central? ¿Puede, aun con el esfuerzo de todos, existir una Cali desarrollada en una administración nacional nefasta? Y lo más importante ¿Podemos, por el bien de nuestra ciudad, darnos el lujo siquiera de contemplar una respuesta negativa a esas tres preguntas?
Con respecto a este último cuestionamiento, un par de apreciaciones (que apenas son la punta del iceberg): Nuestra capital del Valle es un compendio de problemas complejos, históricos y nuevos, sociales y culturales, económicos y políticos.
En el primer cuatrimestre del año, tuvimos la mayor tasa de desempleo (13.1%) entre las 5 ciudades principales de Colombia.
En los primeros tres meses de 2022 hubo 249 homicidios (casi 100 más que en Bogotá y siete más que lo reportado en el mismo periodo el año anterior) y 4.693 denuncias de hurtos a persona.
Según la encuesta de Cali Cómo Vamos, los caleños (casi un 70% de los encuestados) consideraban que la ciudad iba en mal camino.
De ahí la necesidad de tener un Concejo técnico, unos Ediles más comprometidos y una ciudadanía más proactiva, pero esto no sucederá sin una renovación de la clase política local y una visión de ciudad de mediano y largo plazo.
Una ciudad con tanto por hacer necesita de todas las manos y cabezas que pueda conseguir. Se requiere con urgencia una planeación de ciudad eficaz, sí.
También un sector productivo más involucrado, más conectado y asertivo. Es claro que adolecemos de una clase política interesada en Cali (o que al menos piense en la ciudad primero).
Pero lo más importante, lo que más está haciendo falta, es que el caleño se quede y le dedique tiempo, esfuerzo y cariño a su ciudad. Hace falta que como caleños digamos, con vehemencia y convicción: “por Cali y para Cali, aquí me quedo”.
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