Hugo E. Gamboa Cabrera

¡Emocionante!

Hugo Gamboa

El miércoles anterior, a las seis de la mañana, con un tinto en las manos, me di a la tarea de ver a las niñas colombianas de la selección de fútbol enfrentadas al mejor equipo africano —Nigeria— campeón de varios torneos internacionales, al cual derrotaron gracias a un penalti atajado por nuestra portera, una niña de apellido Agudelo, con 15 años de edad.

Darnos cuenta que ese inmenso detalle deportivo daba la oportunidad de brindarle al país, por primera vez, la oportunidad de ir a una final en la que se definirá el campeón mundial, enfrentadas a dos colosos del fútbol como Alemania o España, era, a esa hora de la mañana, emocionante, hasta las lágrimas.

No importa si obtendremos el título, pero el hecho innegable de llegar a esa instancia, con todos los esfuerzos, sin apoyo de la Federación dirigida por un costeño, señor Jessurum, quien cerró los ojos ante una representación nacional que solo quería que le dijeran que creían en ella, así fuera remota esa posibilidad.

Posiblemente, el hecho de ser mujeres, hizo que ese dirigente del fútbol, como otros colombianos, dudaran de la capacidad atlética y mental de nuestras muchachas, que demostraron, una vez más, que son nuestros deportistas los que mejor nos representan en el exterior. Taparon bocas.

De verdad que esas féminas juveniles han dado un paso importante, pues seguramente lograrán buenísimos contratos con equipos organizados de otros países y, por ende, el ejemplo que les dan a nuestros jóvenes colombianos, es inmenso.

Por otro lado, Cali, la capital deportiva de Colombia, gracias a dicha selección femenina, hoy más que nunca necesita candidatos a dirigirla, que tengan sentido de pertenencia por la ciudad, que sean gerentes, incluidas las distintas secretarías, direcciones y gerencias. Cali no merece paracaidistas.

Cali no necesita politiqueros, clientelistas, personajes que quieren llegar a mal gobernarla. No.

Queremos que nos devuelvan sus hermosos colores, su esencia, sus costumbres, su alegría, su seguridad, su dignidad.

Ojalá caleños fututos, caleños por adopción, gente que no se moleste porque se les pide que recojan la cáscara de banano que lanzó al piso, decidan bien.

La Cali con amor, volverá a ser acogedora, sin miedos. De quienes aquí vivimos depende nuestro futuro.

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