En el año de 1968 se desarrollaron una serie de protestas o llamados Tropeles estudiantiles en varias ciudades del mundo, entre ellas, París, México, y Córdoba (Argentina).
Las principales exigencias del movimiento estudiantil mexicano fueron el cogobierno, es decir, la participación estudiantil en la designación de puestos en las universidades, la libertad de cátedra y una mayor inversión pública que garantizara el acceso de sectores poco privilegiados a la educación superior.
En Córdoba (Argentina) se constituyó uno de los movimientos de transformación universitaria más relevantes en la historia de las instituciones educativas superiores de América latina.
Democratizó el gobierno de las universidades, y abrió la posibilidad a los sectores medios de acceder a un título universitario.
Las protestas estudiantiles de mayo de 1968 en Francia, además del reclamo de la autonomía universitaria, se vincularon también con las protestas internacionales contra la guerra estadounidense en Vietnam y otras consecuencias políticas y sociales de la Guerra Fría.
En Colombia, el movimiento estudiantil como parte del movimiento social, también ha jugado un papel importante en la defensa de la autonomía universitaria, de los derechos fundamentales de la juventud, y en ocasiones; en la defensa de la democracia y sus instituciones.
Así ocurrió en las protestas del 7 de junio de 1929 en Bogotá y en las del 8 de junio de 1954 en contra de la dictadura militar del general Rojas Pinilla.
Cómo no simpatizar con esa muchachada universitaria que se levanta a nivel mundial y nacional a pedir justicia social, democracia y paz, y a defender valores democráticos como lo es la defensa de los derechos humanos.
Por supuesto, que algunos de estos actos de protesta han terminado, desafortunadamente en no pocas ocasiones, de manera violenta, y en los cuales han resultado heridos e incluso han perdido la vida estudiantes y agentes del orden.
Violencia producto de la confrontación a piedra entre estudiantes y agentes del Estado que no debieran ocurrir, ni como uso de violencia por parte de los estudiantes, ni como exceso en el uso de la fuerza legítima del estado por parte de la autoridad policial.
Ahora bien, no es lo mismo, manifestaciones pacíficas para defender la autonomía universitaria y los valores democráticos en el marco de las protestas legítimas de los estudiantes, que atentar contra la población y los bienes públicos bajo antifaces como viene ocurriendo en los últimos años en la Universidad del Valle por parte de la banda criminal y terrorista de los capuchos.
Quemar carros, incendiar almacenes, atentar contra los bienes públicos y particulares, y confrontar las autoridades y la ciudadanía con artefactos peligrosos como tatucos con pólvora y las papas bombas, son actos criminales.
Actos que nada tienen que ver con la causa democrática del movimiento estudiantil de defensa de su autonomía y de mejorar las condiciones para que cada día más jóvenes de bajos recursos puedan cursar sus estudios superiores; y con sus luchas por mejorar las condiciones sociales y económicas del pueblo colombiano, causas democráticas que también son compartidas por obreros, campesinos, mujeres, minorías étnicas y religiosas, etc., que también aspiran a tener una Colombia con democracia más plena e incluyente.
Finalmente, hago un llamado a los estudiantes a que no desfallezcan en sus protestas legítimas en el marco del respeto a la autoridad y las leyes de Colombia; lo mismo que al gobierno nacional, departamental y municipal y a las autoridades universitarias, sus profesores y trabajadores, para que en el marco de la autonomía universitaria, garanticen la protesta pacífica y la atención a las reivindicaciones legítimas de los estudiantes; y un especial llamado, para que todos juntos, rechacemos las prácticas criminales de la banda terrorista de los capuchos que deslegitiman la protesta pacífica y avergüenzan a la muchachada universitaria de Univalle, epicentro de conocimiento, ciencia, y cultura, al servicio de los más olvidados de la patria.
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