El punto en la pared

César Tulio Delgado

Las malas noticias son las que venden. Como si no fueran suficientes los hechos de corrupción que a diario fastidian a ciudadanos .

En medio de todo, es una gran noticia que el exgobernador Ubeimar Delgado haya sido designado embajador en Suecia.

¿Cómo puede ser posible que uno de los siete hijos de Elvia, una maestra de escuela, y Mario, un carpintero de un pueblo encumbrado en las montañas de Riofrío, estudiante en escuela pública , obtenga dignidad diplomática?

Hay quienes creen poseer la verdad y piensan que los cargos diplomáticos y embajadas sólo, como en antaño, deben pertenecer a la élite cachaca y centralista.

No puede ser posible que un humilde provinciano que se inició a temprana edad como miembro de una junta de acción comunal en su barrio, haya podido escalar hasta ser representante a la Cámara, senador de la República y gobernador del Valle del Cauca con excelente calificación en el manejo de las finanzas públicas, y que ahora reciba dignidad de embajador.

Ubeimar encontró un departamento en bancarrota, recuperó y saneó las finanzas. Su lema ” manos limpias” permitió pasar al Valle del puesto 19 y ubicarlo en el primer lugar, según la Dirección de Apoyo Fiscal y la Contaduría General de la Nación, devolviéndole así la categoría especial y , en consecuencia la dignidad vallecaucana.

Qué iban a pensar Elvia y Mario que uno de sus hijos tendría la altísima dignidad de representar la patria en el exterior, un sueño que cualquier ser humano por humilde que sea , haya tenido.

Para unos cuantos, en el país del sagrado corazón, es mejor resaltar el punto de la blanca pared.

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