El primer año del presidente Petro se celebra a solo 5 días de que su hijo Nicolás confesara que parte de los dineros recibidos del “Hombre Malboro” y del hijo del “Turco” Hilsaca entraron a la campaña presidencial del 2022. Igualmente, reconoció que dichos dineros no fueron declarados y que habrían sobrepasado los tomes estipulados por la ley. El mismo día de esa confesión, Armando Benedetti debía presentarse a la Fiscalía pero salió del país. ¿Huyendo?
Sin duda, el presidente Petro enfrenta una crisis política e institucional equiparable con el proceso 8.000, cuando el entonces presidente Ernesto Samper fue investigado por el ingreso de dineros de la mafia a su campaña de 1994. Los colombianos ya sabemos lo que eso implica. Un mandatario que no puede gobernar porque debe centrarse en su defensa y porque pierde legitimidad. Un Congreso que empieza a negociar apoyos y a chantajear, una comisión de acusaciones que no llega a nada. Como en ese entonces, caerán los miembros cercanos a la campaña, seguramente el gerente, actual presidente de Ecopetrol.
Ya de nada sirve hacer balances del primer año. Qué importa que tanto haya avanzado este gobierno si en términos prácticos con la confesión de Nicolás queda en stand by. ¡Que frustración para los que creyeron en el cambio! ¡Qué paradoja! Petro no hace más que criticar a quienes hacen plata con negocios legales, como los bancos, la agroindustria o las EPS, pero se beneficia de aquellos que se enriquecen con el delito. Nicolás Petro sí conseguía recursos para su papá, Petro si recibía plata en bolsas negras. ¿Qué sigue? La institucionalidad debe actuar para que Colombia no se paralice.
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