Se observó en las tres últimas semanas que la mejor forma o vía que encontraron ambos candidatos (Duque y Petro) fue orientar las propuestas a todo aquello que tenga una raíz constitucional para hacerlo realidad desde la base de mínimos vitales con desarrollo legislativo o con decretos desde el ejecutivo central: artículos de 13 y desde el 42 hasta el 77 de la Constitución, para ampliar con mínimos vitales el Estado Social de Derecho con la materialización de los derechos sociales, culturales y económicos; más el artículo 334 sobre la intervención del Estado en la economía teniendo en cuenta la regla de la sostenibilidad fiscal.
Aquí está la matriz del populismo constitucional posible porque la dirección general de la economía está a cargo del Estado.
Aflora el populismo cuando las instituciones y los partidos dejan de funcionar en medio de una crisis estatal, y entran a competir con la clase política tradicional instalada en el poder.
El populismo irrumpe más fácilmente en países donde la caída de las instituciones se está dando.
El populismo es una forma desesperada que encuentra el líder que se autoproclama para hacer política y alcanzar el poder, lo hacen recorriendo la legalidad del Estado, cumpliendo las reglas electorales.
Se enfrentan a la formalidad de los partidos tradicionales en coalición con el Gobierno en ejercicio pero que está en crisis o debilitado, para reemplazarlos.
Pudimos ver cómo pasaron a la segunda vuelta dos líderes populistas en sus variantes, derecha e izquierda.
Armaron nuevas alianzas con afines ideológicos, muchos se trasladan como mutantes, se adhieren con quienes se han enfrentado los últimos años.
Luego vendrán las sorpresas y los incumplimientos entre personas, partidos y fracciones.
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