Muy pocos analistas políticos e historiadores de nuestro país podrían refutar la idea que las transformaciones o avances sociales y progresistas de la era republicana de Colombia, fueron lideradas por el Partido Liberal, un partido que sin lugar a dudas atravesó durante su historia momentos difíciles para sus militantes enmarcadas en situaciones derivadas de un pensamiento conservador y en muchas ocasiones retrogrado de la sociedad en esta nación.
El Liberal es un partido fundado por allá en el año de 1848 por José Ezequiel Rojas y desde sus inicios dió muestras de ser el promotor de las que se han denominado como las “mayores conquistas sociales de Colombia”, iniciando por José Hilario López, el primer presidente de la colectividad, quien fue el encargado de abolir la esclavitud en este rincón del continente.
Durante sus más de 174 años de existencia, el Liberal se ha considerado y proyectado a si mismo como “el partido que desde sus inicios ha entregado su vida en defensa de los derechos y las libertades del pueblo”, es decir se concibe internamente, tal como lo reza su sitio web oficial, como el partido político que busca representar al pueblo en búsqueda de mayor igualdad social.
Sin duda en el papel la filosofía enmarcada en este movimiento, hace irrefutable el pensamiento que es precisamente ese tipo de banderas las que necesita uno de los países con mayores retos sociales y políticos del continente, cuyos indicadores lo llevan a ser uno de los países mas desiguales del planeta a partir de la pésima distribución de la riqueza entre sus ciudadanos.
Sin embargo, y a pesar que a través de la historia el Liberal ha contado con momentos de “hegemonía” política y con numerosos presidentes de la República, vemos qué, en los indicadores sociales como el coeficiente de Gini, tal vez el más preocupante de todos ellos, no se han visto gestiones eficaces con resultados palpables en este sentido.
La llamada “filosofía Liberal” cuyo tinte está enmarcado en el ejercicio de la defensa de los derechos sociales, con el paso del tiempo se ha ido desdibujando y ha comenzado a dejar la sensación que el partido como tal, la ha dejado a un lado para dar paso a otras prioridades políticas menos progresistas, con menor pensamiento colectivo, pero con un alto grado de proyección de intereses individuales.
Tanto el Liberal como el Conservador, es decir los dos movimientos políticos tradicionales de Colombia, atraviesan su más profunda crisis desde su creación, una crisis propiciada por la abundancia de intereses particulares en su interior enmarcados en apetitos electorales cortoplacistas que han dejado a estos protagonistas relegados a un papel secundario en el ejercicio político colombiano, a tal punto qué, desde mi punto de vista, ya no se pueden considerar como partidos con “vocación de poder”.
No hay “vocación de poder” porque ya no se comportan como colectividades sino como pequeñas y medianas “fami-empresas” electorales que buscan el beneficio de esas mal llamadas “casas políticas” por encima de la construcción grupal redundante en el accionar político, social y económico del Estado colombiano.
Prueba de ello es encontrar diseminados integrantes de estos dos partidos en las campañas presidenciales actuales, la mayoría de ellos en búsqueda de réditos político-económicos en caso de una victoria electoral.
Por esta razón no es difícil encontrarse con liberales en la campaña de Gustavo Petro, pero también en la campaña de Federico Gutiérrez y hasta en las de Fajardo y Hernández. Exactamente lo mismo ocurre con los conservadores.
El último proceder del actual director del Partido Liberal, el ex presidente César Gaviria, quien sin pudor alguno estuvo “tanteando terreno” en todas las campañas políticas presidenciales en búsqueda del “mejor postor”, son una muestra de lo descrito en esta columna.
No hay coherencia política ni ideológica pasar de extremo a extremo como un péndulo que se mueve únicamente debido al vaivén de la inercia y de la “fuerza de gravedad” electoral.
En esta columna no trato de decir que los miembros del Partido Liberal no estén en su “derecho” de tomar este rumbo, sin embargo, está claro que esa unión de “fami-empresas” ya no representan los intereses colectivos que buscan mejorar las condiciones de la base social de nuestro país.
Un partido que a pesar de tener una bancada electa de 14 Senadores y de ser la mayor fuerza política en la Cámara de Representantes con 32 curules elegidas y no sea capaz de unificar esfuerzos para ser una opción real en “cuerpo propio” a nivel presidencial, dan cuenta de esa “federalización” del otrora importante y decisivo Partido Liberal.
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