Cuando llegó John Maro Rodríguez a la alcaldía de Cali, cometió una de tantas equivocaciones que dejaron a la ciudad sin futuro, debido, según dicen quienes lo conocen bien, a su inocultable vanidad y a su creencia de ser un predestinado mal rodeado en su errática administración. Por eso fue sancionado por la Procuraduría General.
Su peor error fue cambiar el proyecto de su predecesor (porque le caía “gordo”), un tren ligero que conectaba el área metropolitana, complementado por un modelo de transporte urbano que hubiese evitado el invertir tanto dinero en estaciones innecesarias y ocasionar el deterioro aberrante de las vías de la ciudad.
Gran parte del presupuesto se lo gastó en eso, aparte que no inició su servicio por donde se proyectó, el Distrito de Aguablanca.
Hoy, ese MÏO se convirtió en un barril sin fondo, pues cada año o, cada dos, le inventan unas vigencias futuras dizque para “salvarlo” pero, cada vez es peor. Eso duele mucho, por Cali y su ciudadanía, pues ese dinero se podría utilizar en reconstruir tantos claustros educativos, como nuestra apreciada Santa Librada”, amén de otras cosas que requieren del cariño por la ciudad.
No puedo creer que estén diciendo que gran parte de esos dineros se convierten en “mermelada” para aquellos a los que se les debe la fealdad y al atraso de la “ex Sucursal del Cielo,” unos ediles a los que según parece, les vale “huevo” un territorio que antes era el segundo en importancia nacional.
Igual sucedió con otro alcalde que se inventó hacer negocios con una supuesta termoeléctrica que convertiría a Cali en generadora propia y para su entorno y contorno que hubiese sido maravilloso negocio pero, sucedió lo contrario, se perdió mucha plata por culpa de la corrupción, hasta el punto que Emcali estuvo a punto de colapsar por tan fatal alcaldada.
Y paremos ahí, pues el espacio no da para más. Lo único cierto es que Cali hoy, no tiene idiosincrasia propia. Todo lo que nos distinguía, se nos extravió.
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