Es imposible como economista no sentir preocupación ante la recesión que nos sobrevendrá por causa del aislamiento y la parálisis económica. No, no es el virus ni la pandemia los que me intranquilizan sino el miedo que ha germinado, que se ha extendido y que se ha apoderado de la población. El miedo es mucho peor que el brusco frenazo impuesto a la economía. Y la razón es simple, una vez el gobierno posibilite la realización de las transacciones de bienes y servicios, el miedo continuará aún persistiendo.
El miedo, como todos saben: ¡Paraliza! Y por más que haya dinero contante y sonante en circulación; si este no rota de mano en mano de la forma más rápida y eficiente por el ejercicio de las transacciones comerciales, la economía demorará mucho en despegar. Los economistas llamamos a esta magia “la velocidad de circulación del dinero”.
Son los emprendedores y los empresarios los llamados a encarar, no sólo su propio miedo; sino el que se ha apoderado de la comunidad. Y brindarle a ella -con su valor y temple- la esperanza de que todo mejorará.
Hemos experimentado una especie de reseteo. Muchos tendremos que comenzar casi que de cero… ¡Un reto mayúsculo y amedrentador! Pero el miedo en inglés es FEAR: “Falsas Expectativas que Aparentan Realidad” ¡Me gusta esta tesis!
Si eres emprendedor o empresario hoy más que nunca tu familia y tu ciudad te necesita. No se trata de obrar irresponsablemente ante un virus que existe; sino, de poner en juego con más ahínco tu temple, tu valor y la fe con los que has marcado y seguirás marcando la diferencia.
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