Luis Ángel Muñoz Zúñiga

El humor, segunda parte

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

En la primera parte de “El humor en los tiempos del cólera”, aclaré que no me consideraba un multiplicador del chiste flojo o vulgar, pedía a Dios que me librase de los cómicos bufones y advertía de que reímos en serio cuando nuestro estado de tristeza es alterado por el humor mordaz de una imagen o un video, que con sátiras críticas genere conciencia.

No quise quebrantar mi disciplina sobrepasando las seiscientas palabras para evitar la fatiga de mis lectores. Entonces consideré válido aplazar algunas observaciones que contribuyeran a aclarar la confusión entre comicidad y humorismo.

Como preámbulo, los invito a que piensen en dos personas, una a quien se le reconozca como cómica y otra que se distinga por su buen humor. Creeríamos que la primera vino a este mundo con la misión cotidiana de hacer reír. La otra, de alegrar haciendo pensar críticamente a sus semejantes. La una tiene chispa. La otra tiene sapiencia en el uso del lenguaje como bálsamo para la tristeza.

Similar ocurre en el cine, entre los filmes mexicanos y los argentinos, prefiero el sureño porque las situaciones cotidianas y los problemas nacionales son tomados como insumo para sus guiones humorísticos. Pero sigamos haciendo un paralelo entre la comicidad y el humorismo.

El bobo de un pueblo puede ser cómico por su forma de caminar, sus alocuciones y sus costumbres, que hacen reír tanto al más elemental como al acartonado. Una reconocida cómica vende su espectáculo haciendo mofa con la infidelidad de la pareja y el teatro estalla en carcajadas.

El tema frívolo hace reír porque lo censurado se sublima en la voz de la arribista. Esto no se puede decir del humor de “la pelota de letras”, aunque se auxilia de la comicidad, su intención es hacer miradas críticas sobre la evolución de la familia, las generaciones y la educación en Colombia. Y quién no recuerda a la señora de los cuentos verdes que de entrada hacía reír porque el público escuchaba unas confesiones sexuales de grueso calibre en boca de quien se estimaba debería estar dedicada a la oración.

Una cosa es la comicidad y otra el humorismo. La comicidad siempre conlleva a la risa, mientras el humorismo no siempre. El cine de Cantinflas, por ejemplo, puede ser susceptible de dos miradas, la que se entretiene con comicidad y la que profundiza en el humorismo, juntas o por separado, esto acorde a la formación intelectual de los cinéfilos.

Algunos sólo mirarán su manera de vestir y sus jergas reiteradas, mientras otros, mejor se interesarán por la profundidad de sus críticas sociales. El humorismo también está condensado en la literatura. Mientras la tragedia griega fue la variante teatral que recopiló la historia de los mitos y las guerras, la comedia se alimentó del ingenio humano que hizo germinar el humor.

El Quijote de Miguel de Cervantes Saavedra, es la mayor reserva de humorismo de la literatura española. Hoy, en conmemoración de la muerte de Jaime Garzón, traigo una cita de W. Fernández Flórez, a manera de epitafio: “El humor se coge del brazo de la vida y se esfuerza en llevarla ante un espejo cóncavo o convexo, en el que las más solemnes actitudes se deforman, hasta un límite que no pueden conservar su seriedad. El humor no ignora que la seriedad es el único puntal que sostiene muchas mentiras. Y juega a ser travieso. Mira y hace mirar más allá de la superficie, rompe las cáscaras magníficas, que sabe huecas; da un buen tirón a la buena capa que cubre el traje malo”

Comments

Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar