Rodrigo F. Chois

El gol que canté

Rodrigo Fernández Chois

Infinidad de ocasiones he escrito en este espacio mi poca atracción por el futbol; el fanatismo que despierta –que en ocasiones raya con la violencia- no me ha sido fácil de comprender.

Confieso que puedo contar con los dedos de la mano el número de encuentros futbolísticos que he presenciado totalmente. Y, con excepción de los dos jugadores internacionales convertidos hoy en estrellas por los medios, son pocos los nombres de futbolistas que puedo recitar. Pero…

Estaba yo aún en la universidad, año 1990 para ser exactos. Pretendía mirar un partido en compañía de unos amigos, pero a decir verdad me entretenía más analizando los gestos de todos quienes estaban, como yo, al frente del viejo y gordo televisor.

Reía al escuchar madrazos y al notar como ellos se comían las uñas, un vicio que por demás creía muy mío. Jugaban Alemania y Colombia un mundial… No me pregunten más.

“Estamos fuera, ya se va a acabar esto”. Vaticina un conocido mientras observo cómo sus ojos están clavados en la pantalla. Reparo el televisor y veo como de un momento a otro le quitan el balón a los de camiseta blanca. Reconozco al Pibe –¿Quién no lo haría? – y sigo hipnotizado ese balón. El Pibe patea largo, sale corriendo un morocho como una gacela vestida de rojo, y en el último minuto, mete un gol entre las piernas del blanco arquero alemán. Un grito inconsciente de Gol sale de mi garganta y se une a un frenético coro. Nunca había sentido una emoción como esa.

Brinqué y lagrimeé.

El morocho fue Freddy Rincón… ¡Gracias, Freddy por tan mágico instante!

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