El diálogo es el camino

Rosa María Agudelo

Si en algo estamos de acuerdo en torno a este paro es que el camino es el diálogo. Un diálogo asertivo y constructivo. Lo primero en lo que debemos avanzar es que, aunque nos separen las ideas, nos debe unir el respeto. No podemos seguir gritándonos todo tipo de insultos. Igualmente, tenemos que aceptar a los interlocutores. A las instituciones las representan quienes fueron elegidos popularmente y quienes están en paro tienen sus interlocutores y promotores. No podemos seguir en el absurdo de quiero hablar pero no con usted.

Por otro lado no podemos seguir en el círculo vicioso de la violencia y el odio. Como sociedad nos debe cuestionar que aceptemos tan fácilmente el uso de las armas para dirimir cualquier tipo de conflicto. Sin embargo, también debemos reflexionar sobre el impacto que tiene sobre ese comportamiento la manera en que hemos armado la palabra. La violencia de cualquier género empieza así, en un cruce de palabras. Debemos ser coherentes, si creemos que el diálogo es el camino, es importante confiar en el otro, dejar a un lado las pasiones y usar la razón. Esta semana se levantaron las mesas de diálogo de Cali tras la reacción histérica de una persona que gritaba que los miembros del paro estaban siendo atacados en diferentes puntos de la ciudad. Se perdió la calma, no se pidieron verificaciones, primaron los insultos y se perdieron los esfuerzos previos de muchos por una mentira. Dialogar, negociar y acordar exige madurez. Los “chicos”, como les llaman algunos, deben dejar de comportarse como adolescentes. ¿Quieren participar en la conducción del país? Deben demostrarnos que están preparados para hacerlo.

Sin embargo, ellos no son los únicos que deben mejorar su actitud si deseamos avanzar en el camino del diálogo. Las autoridades también deben sintonizarse con las necesidades de los que protestan. Sin duda, es importante que quienes están en paro entiendan el impacto que los bloqueos tienen en la economía, pero también hay que plantearles soluciones inmediatas. Las autoridades no pueden seguir enfrascadas en que los promotores no saben que pedir. Las necesidades son claras y los negociadores pueden ser más proactivos.

Los ciudadanos en general, aquellos que no estamos en paro, también debemos comportarnos distinto. No podemos seguir siendo “barras bravas” que no hacen más que echarle leña al fuego. No es posible avanzar en el diálogo si no construimos relaciones empáticas. Las redes sociales son un campo de batalla más agresivo e irracional que las protestas mismas. Dejemos de compartir mensaje incendiarios o que solo muestren el lado que nos gusta de la moneda. No se trata de buscar la verdad porque en estos conflictos no hay verdades absolutas. Cada uno tiene su verdad, una verdad marcada por su historia, su situación y su perspectiva. ¿Queremos una Colombia verdaderamente nueva? No es posible construirla sobre esta base por el camino que vamos sencillamente cambiaremos de actores más no de realidades.

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