Miguel Yusty

El cuento de la “paz total”

Miguel Yusty

A estas horas y transcurridos exactamente 11 días desde la posesión del presidente, antes que quedarme clara la propuesta de “paz total”, lo que me invade es una profunda confusión, pues el planteamiento de darle curso a través de diálogos, de acogimientos y de diálogos regionales para llegar a un completo estado de paz, me parece más un cuento que una ruta estratégica que cumpla el mandato constitucional de hacer la paz.

El considerar que este cometido se puede obtener sin enfrentar la cruda realidad de las más de 200 mil hectáreas sembradas de coca, puede llevar al país a una discusión que se vería fragilizada, pues los grupos con los cuales se va a negociar han construido su dinámica sobre la locomotora del narcotráfico.

Decir alegremente que la negociación con el ELN es fundamentalmente de carácter político es cerrar los ojos ante las evidencias que señalan que detrás de la humareda de su discurso político ha crecido y se ha consolidado una estrategia militar diseñada para controlar el territorio y hacer de los corredores estratégicos, que comunican todo el circuito de producción, compra y distribución de cocaína y heroína, el objeto de su presencia en el país, pero de manera particular en la frontera con Venezuela, los Llanos y el sur.

El ELN ya no está inscrito en ninguna lucha de liberación nacional, como fue su origen, si no que es un actor cuyas organizaciones políticas y militares están marcadas por la dinámica y la lógica del crimen organizado. Por otro lado, la figura del acogimiento es más bien un recurso inventado por el hoy canciller Álvaro Leiva, quien lleva años apostándole a la paz como si se tratara de un juego de ruleta o de un gran casino donde él ha fungido como tahúr desde hace tres décadas.

“La paz total” es tan idílica como “la paz perpetua”, que recuerda mucho la emoción y el delirio del filósofo Alemán Immanuel Kant, quien después del triunfo de la Revolución Francesa en el siglo XVIII, creyó que la sola dinámica del comercio y sus intereses iba a impedir la guerra.

Lo mismo piensa desgraciadamente el presidente Petro, quien ha creído que su apuesta por “la paz total” y la de la legalización del narcotráfico van a sensibilizar a las bandas criminales, a las disidencias de las Farc, al ELN, a renunciar a las utilidades que les generan las más de 200 mil hectáreas sembradas de coca.

Lo que tenemos en este momento, es que detrás de la propuesta se está fortaleciendo un acuerdo para legalizar el cultivo de coca a través de las cooperativas de cocaleros, tal como opera en Bolivia, liderada por los cabildos indígenas.

Sería interesante igualmente pensar que, tal como van las cosas, además del modelo boliviano, como las hectáreas en lugar de disminuir van a crecer, terminemos siendo víctimas de una federalización, como en México, o una balcanización del país, mientras el presidente Petro logra echarnos el cuento de la “paz total”.

Lo que más me preocupa es que Petro, con el cuento de la “paz total” esté elaborando muy bien elaborado un gran acuerdo con el narcotráfico, lo que colocaría al país en vías de ser un narcoestado; pasaríamos de una situación criminal a una estructura mafiosa del ejercicio del poder.

¿Será que tenemos paz total o paz mafiosa? Porque al paso que vamos, me dicen algunos que todos los compromisos realizados en las cárceles y de manera especial en el Cauca, Putumayo y donde está sembrado el 70% de las matas de coca, se vivirá una tranquilidad bajo la égida de los códigos mafiosos, donde, como ayer, en Arauca, las disidencias de las Farc dispusieron un control territorial y unipersonal de manera sostenida e instrumentalizando una disciplina de las gentes de esa región del país. ¿Tendrá algo que ver la purga masiva en el Ejército y la Policía?

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