El covid: ese monstruo que yo conocí

Miguel Yusty


El abogado Miguel Yusty, exsecretario de Gobioerno de Cali y alto consejero de seguridad del Valle del Cauca, quien estuvo mes y medio en la UCI, víctima del covid, cuenta su experiencia en este texto.


Sin que sintiera malestar o dolores en algún momento, fui víctima el pasado 17 de julio del covid-19, se presentó sin avisarme nada, sin prevenirme, a mansalva y con premeditación y alevosía, haciendo su aparición cuando nadie lo esperaba.

Tal como lo he venido haciendo los últimos 22 años de mi vida, había realizado mi entreno diario pues con las restricciones de la pandemia tengo montado un pequeño gimnasio en mi casa donde de manera disciplinada, hago la rutina de spinning y de pesas que aprendí desde mi juventud, cuando fui atleta de alto rendimiento.

Ese 17 de julio a las siete de la noche, hice crisis respiratoria llegando los niveles de saturación al mínimo y salvándome de una muerte segura mi hermana Liliany y de mi hijo Miguel Ernesto quienes me llevaron a 120 kilómetros por hora a la Clínica Valle del Lili. A partir de aquí no recuerdo nada, pues a las once de la noche ya estaba en la UCI debidamente entubado y entrando en un estado de gravedad registrado en los informes del día a día, donde se registraba mi muerte inminente.

La recuperación

Posteriormente pasé a cuidados intermedios y a continuación el 4 de agosto ingresé a hospitalización, para ya el 17 de septiembre, salir con todos los protocolos cumplidos y desde ese día vi el comienzo de una nueva oportunidad de vivir con el acompañamiento de terapias rigurosas de recuperación física, fonoaudiología y respiratoria.

Lo cierto es que de ese trance y de cohabitar con ese monstruo, me queda una experiencia de vida que la he compartido en los diversos medios de comunicación, además de que mientras duró mi hospitalización mi hijo Miguel Ernesto, a la manera de un jefe de prensa, se dedicó a comunicarle a mis amigos todos los días que, a pesar de la gravedad de mi situación, siempre había una luz de esperanza.

“El covid sí mata”

La vida que siempre da oportunidades me enseñó además de manera directa que el covid sí mata, que no tiene distinción de raza, condición social, estatus económico y que en esta ocasión los diversos sectores de la sociedad, pero de manera especial los miles de informales y los llamados emergentes, con sus bolsillos llenos de dinero, han convertido los mecanismos de protección en un rey de burlas, pues se han dedicado a organizar fiestas en sus fincas, ellos son el verdadero vector de contagio, que enferma a sus familiares y a sus amigos.

Mi estado agónico durante un mes y diez días, tuvo a favor la voluntad de Dios, quien dotó a los médicos de la Clínica Valle del Lili de la sabiduría para poder estar yo contando este cuento.

Hoy, finalmente y contraviniendo todas las proyecciones clínicas, que me condenaban a la muerte, o a un estado de postración post covid, me encuentro gozando de plena salud, siendo sujeto de un milagro que no tiene explicación para la ciencia médica.

El covid es un monstruo implacable, que acaba con el paciente, que a la manera del secuestro liquida la familia, pues la llena de tristeza e incertidumbre, pues los protocolos cortan todo contacto con el paciente. Así pues y no existiendo vacuna a la fecha, se debe asumir por parte de las familias una posición militante de control de los hijos, para que cuando salgan no regresen con el premio mayor del covid 19.

Pacientes poscovid

No deja de ser preocupante el llamado de atención que por vía de un editorial reciente hiciera El Tiempo, matizando la urgencia y la gravedad de un escenario sobre el cual no se le ha prestado la debida atención a los pacientes llamados poscovid, es decir, aquellos que superaron la etapa crítica de la UCI. Lo cierto es que ya casi es una narrativa donde se cuentan historias de personas a las que se les ha agrabado su situación de salud por los efectos colaterales del virus, muchos de ellos falleciendo y otros en muy precarias condiciones.

Para redondear, me parece importante que la misma eficacia y acertividad clínica como se ha manejado la tragedia del covid en los escenarios hospitalarios, así se debe hacer con los pacientes y convertirlos en sujetos que deben recibir y formar parte de una agenda de seguimiento para que este fenómeno no se convierta en una segunda pesadilla para las familias.

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