El coronavirus

Rosa María Agudelo Ayerbe

Es difícil no sentir incertidumbre frente al coronavirus. Los mensajes que recibimos son contradictorios. Por un lado, hemos visto el ejemplo de China, una potencia mundial paralizada durante casi tres meses por cuenta de la enfermedad. Más de 1.000 millones de personas en sus casas, sin trabajar ni estudiar. Ayer también recibimos la noticia del cierre de fronteras de Italia impidiendo la movilidad de 16 millones de personas.

Por otro lado, están las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud, según la cual la mortalidad del virus es equivalente a la de la influenza y alertando que la mejor manera de evitarlo es tan sencilla como el lavado de manos. Me apego a las cifras que indican que es de rápida propagación y baja letalidad.


Más del 50% del total de los contagiados en el mundo ya se recuperó. Sin duda, tenemos que hacer todo lo que esté a nuestro alcance para evitar el contagio, sobre todo por el riesgo que representa para los adultos mayores, una alta proporción de nuestra población.

Lo cierto del coronavirus es que evidencia de la hiperconexión con la que hoy vivimos y la manera en que un evento tiene impacto global y consecuencias en todos los aspectos de la vida social. El coronavirus está afectando el comercio, el turismo, el precio del petróleo, el valor del dólar, hasta el precio de los anti bacteriales.

El miedo y la desinformación han viajado más rápido que el mismo virus y están haciendo más daño. Ahora en manos de todos está contribuir a la contención de la enfermedad. Implementemos las recomendaciones que hacen las autoridades, sobre todo lo referente al lavado de manos.

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