Luis Ángel Muñoz Zúñiga

El consumir, consume

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

El consumir, consume. No es un consejo para borrachitos.

Podría ser un eslogan para la “celebración” del Día de los Consumidores, determinado desde 1983 por las Naciones Unidas.

Ojo, que consumir es distinto a consumar.

En el título conjugué el verbo en una relación de causa a efecto. En las celebraciones matrimoniales es donde más vemos tal relación, pues consumen: las invitaciones, los preparativos del evento, la adquisición de los trajes, los anillos, el engalanamiento del templo, del recinto para la fiesta, el alquiler del coche para los novios, los regalos o los sobres de los invitados, el licor, los músicos, la cena y la luna de miel.

Durante la fiesta, todos los asistentes, novios e invitados, consumieron mientras se consumían sus bolsillos.

Pero advertí que consumir y consumar, son acciones distintas.

Los novios se ausentan a media noche para consumar el matrimonio.

Ese verbo hoy no será objeto de mi tema, sólo reflexionaré sobre el consumir como categoría económica para que no la olvidemos el 15 de marzo, Día Mundial de los Consumidores.

Estuve tentado de relevar el verbo celebrar por conmemorar, pero respeto la declaración del Consejo de las Naciones Unidas.

En Colombia siempre han sido vulnerados los derechos de los consumidores, pero se agudizó con el imperio de la libre empresa y el modelo político neoliberal.

En la Constitución Política figuran dos artículos que ubicados a reglón seguido, 333 y 334, vuelven “hermafrodita” nuestro modelo económico, porque la aplicación de los principios constitucionales no tiene en cuenta el orden de las normas.

El 333 es un artículo librecambista o neoliberal, mientras el 334 es intervencionista, pero en su cohabitación, el primero siempre ha sido preponderante.

El otrora modelo cepalino, recomendado por el Consejo Económico para la América Latina CEPAL, tenía como propósito propiciar que la economía nacional creciera y se fortaleciera.

Ese intervencionismo estatal económico ahora sólo adorna a la Constitución.

Se practicó durante tres décadas en Colombia, acogido por los gobiernos del Frente Nacional, logrando el desarrollo de la producción y del comercio.

Recuerdo que eran multadas o cerradas las tiendas que no exhibieran una lista oficial de precios.

Pero irrumpió la apertura económica y con ella se aprobó una Constitución donde convergen normativamente proteccionismo y librecambio.

Por otra parte, también se aprobó la Ley 1480 de 2011 o Estatuto del Consumidor que señala un catálogo de derechos de los consumidores: adquirir productos de calidad, indemnización por su afectación, información veraz de sus componentes, reparación por publicidad engañosa, libre elección de compras, protección contractual, participación en ligas de consumidores y defensa de sus derechos.

La cultura de la producción de cosas desechables o de duración efímera, atenta diariamente sin que los consumidores se percaten que es la mayor afrenta contra sus derechos.

Hasta mediados del siglo pasado hubo garantía en los productos que lanzaban al mercado y eran casi eternos, Ahora ocurre lo contrario con los artefactos personales y los electrodomésticos que deben aceptar los consumidores.

Es un ciclo productivo que desgasta las economías domésticas mientras crecen los capitales de los productores.

En el libro “No piense en color rosa”, sus autoras Lisa Johnson y Andrea Learned, dicen que las mujeres deciden mínimo el 75% de las compras familiares y, por ende es hacia ellas que el marketing enfila sus estrategias de mercado.

“Frecuentemente, la mujer toma múltiples decisiones en un lapso de tiempo concentrado, de modo que provoca contenido educativo, como la manera que funcionan las cosas, como se utilizan, qué opciones ofrecen y, quizás lo más importante, qué hacer si se presenta un problema”.

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