El amarre

Rodrigo Fernández Chois

Ser columnista en Colombia es afortunado. A diario nos vemos inspirados por temas que hacen que nuestro país sea bastante especial comparado con otros.

Por ejemplo, la Minga, la no aprobación de las objeciones de la llamada JEP en la Cámara de Representantes, un condenable disturbio universitario o el trino que dejó al descubierto una triste realidad en materia de comprensión de lectura son cuestiones que darían para diarios atiborrados de opiniones relacionadas.

Así me encontraba yo, tratando de escoger una de tantas cuestiones para intentar opinar al respecto cuando me topé con un meme particular.

El meme tenía por título “El Amarre” y exhibía a un individuo enamorado mostrando con sus dos manos -casi que en adoración- una imagen en la que se enseñaba un atractivo derrier. No dudé ni por un segundo sobre la capacidad hipnótica que tiene esta parte de la anatomía femenina con nosotros los hombres. Lo que llamó mi atención fue su título: “El Amarre”.

Eros e Himeros… El primero nacido del Caos y de la Tierra; el segundo -según Cicerón- de la Noche y el Erebo, así llamaban las tinieblas infernales; ambos personificando el Amor.

Personalmente me gusta más la versión de Cupido, un travieso niño armado con flechas de oro y plomo que se divierte -sí, así en tiempo presente- causando desasosiego en los corazones.  

Un flechazo de Cupido y comienzan a sentirse mariposas en el estómago. ¡Eso dicen! Incluso hace unos días una adolescente queriendo experimentar tal sensación se comió quince mariposas con dramáticos resultados.

Dichosos sean aquellos que consiguen la herida de Cupido, así sea como consecuencia de un escueto “Amarre”.      

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