Dando por terminado este escabroso 2020 y habiendo sobrevivido a un ataque implacable del covid-19, no me queda sino dar gracias a Dios, que iluminó a los médicos que me atendieron en la Fundación Valle del Lili, a mi familia, que sufrió las penalidades del día a día, y a las cadenas de oración y solidaridad que integraron mis amigos, pidiendo porque se me diera una oportunidad de vivir.
Sin embargo, ante esta aparatosa experiencia que he relatado en todos los medios de comunicación en varias oportunidades, debo advertir sobre mi preocupación y mi esperanza para que el próximo domingo 27 de diciembre la Administración Municipal modifique las medidas que ha tomado, para controlar el desborde y la pérdida de control territorial que significaría que América ganara el campeonato, con un toque de queda que desde las 9:00 de la noche implicaría no una celebración desde las casas y los hogares, sino una confrontación con la fuerza pública, generando un problema de orden público y obviamente el crecimiento del circuito de contagios por la presencia de miles de peronas embriagadas de licor y de alegría, como ha pasado en múltiples ocasiones.
Hoy, miércoles, a la hora de escribrí esta columna, tengo la esperanza en que entre jueves, viernes y sábado el toque de queda se cambie para las 6:00 o 7:00 P.M. y que esté acompañado de una plataforma operativa y de inteligencia que haga soberanía sobre el territorio y liquide las intenciones y los instrumentos de las hordas que tienen planeado convertirse en dueños de la calle y en los causantes de que Cali en enero y en febrero viva una tragedia de impredecibles consecuencias y se colapsen de verdad las UCI, llevando como pacientes a quienes participen del desorden el 27 y a sus familiares. A las 9:00 es casi probable que ya esté en marcha la toma de la ciudad, elaborada desde las redes.
A mis amigos y lectores que desde 1985, que me soportan leyendo esta, columna les deseo una Feliz Navidad!!!
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