Diario Occidente

¿Economía de guerra?

Mario Germán Fernández De Soto

Después de la Segunda Guerra Mundial los países afectados implementaron una “economía de guerra” a partir de una nueva visión de nación y en la que se tenía muy claro que desde el propio Estado se proyectaría hacia dónde dirigir los esfuerzos, con una alta incidencia en la macroeconomía, para orientar la producción de bienes y servicios, pero, por sobretodo, con visión colectiva para hacer sacrificios en favor de todos.

Fue una dura lección de la que salieron fortalecidos, ejemplo de templanza y dignidad patriótica que, con la actual situación de recesión mundial en la que nos encontramos, bien valdría la pena analizarla en el sentido de considerar hasta dónde es indispensable adoptar una “economía de guerra” en los tiempos actuales. Qué sectores de los que paulatinamente vienen floreciendo debemos impulsar para apalancar el nuevo desarrollo social y económico, tal es el caso del digital, la salud, la agricultura, la producción de artículos de aseo, la construcción de viviendas y las obras públicas de infraestructura etc. Y. por supuesto, tenemos que definir qué vamos a hacer para reposicionar los destinos turísticos, la manufactura, la industria y cómo recuperar los niveles de exportación a través de abrir los puertos marítimos y la infraestructura aeroportuaria, entre otros.

Es decir, el país requiere un verdadero plan de reactivación social y económico de carácter estructural que movilice los distintos actores y recursos. De la misma manera, es el momento de repensar el papel del Estado en su gestión dinamizadora de un sistema económico debilitado y que requiere urgentemente de un direccionamiento estratégico que promueva la productividad y el desarrollo sostenible, comenzando por el campo colombiano, que es la base de la producción nacional.

Por ello, creo que empresarios, académicos, políticos, economistas, sectores sociales y laborales deben pensar en los términos y condiciones más adecuados para estudiar juntos la implantación una “economía de guerra” para afrontar esta pandemia y sus consecuencias. La gran pregunta es: ¿hasta dónde y qué estamos en disposición de sacrificar?

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