Dos años recordando a Burgos

Umberto Valverde

Este viernes la Familia Burgos, Dorita, los hijos de Roberto, la editorial Seix Barral, organizan un evento virtual en homenaje a Roberto Burgos, para el cual 70 escritores hemos enviado mensajes grabados. En 1966, cuando éramos unos adolescentes, estudiantes de bachillerato, Gérrimo, Gerardo Rivas, publicó una Antología de Cuentistas Colombianos, con los grandes representantes del cuento en ese momento, pero incluyó a dos “promesas”: Uno de Cartagena, Roberto Burgos Cantor. El otro, de Cali, Umberto Valverde. Fue todo un acontecimiento, la gente preguntaba por esos nombres desconocidos.

Le pedí la dirección a Gerardo Rivas y le escribí a Roberto Burgos a Cartagena. Su respuesta fue casi inmediata y, de entrada, no sólo se inició esa gran amistad sino que me habló de un amigo que también escribía, Eligio García Márquez, hermano menor de Gabo. Nació una amistad de tres, para muchos años. Fui a Bogotá, en ese entonces estudiaban allá, Miguel Yusti y Augusto Díaz. Nos conocimos y nos hicimos hermanos, armamos una cofradía, de pocos, selecta, pero fantástica, también estaban cercanos Ricardo Cano, que posteriormente se fue a Europa y nunca más lo vimos, gran escritor. Policarpo Varón, Santiago Mutis, hijo de Alvaro. Nos interesaba hablar con los integrantes del grupo Mito, visitamos en su casa a don Jorge Zalamea, publicamos en la revista Eco, de mayor reputación, que la dirigía Nicolás Suescún. Apoyamos la gestión de Manuel Zapata Olivella, en Letras Nacionales. Debo decir algo, por estos días cuando mi amigo Dario Henao, con el respaldo del Ministerio de Cultura, lo exaltan como el gran escritor afrocolombiano. Con todo respeto, la novela “La Ceiba de la memoria”, de Roberto Burgos, publicada en el 2007, hace un aporte más profundo a la memoria de los negros que llegan a Cartagena que toda la obra de Zapata. Debo decirlo porque no comparto las exageraciones, Zapata no fue nunca discriminado, simplemente la crítica consideró su obra menor a la de Rojas Herazo y menos aún que Manuel Mejía Vallejo. Esto dejando de lado a Gabo, no hay otro Gabo en Colombia, que nadie invente lo que no se debe.

Compartimos grandes momentos en la vida, algunos en Cartagena, en el marco del Festival de cine, donde Gabo era rey nos protegía a esta cofradía. Con Eligio por más de 15 años, hablamos por teléfono todos los días, teníamos tema para todo. Pero Eligio se enfermó, Gabo lo mandó a Los Ángeles, y cuando llegó, Roberto me llamó y me dijo: “El tumor está en el centro del cerebro, ven lo más rápido”. Una tarde compartimos con Mirian, esposa de Eligio, Roberto y yo, salí llorando y me vine a Cali, a las dos semanas murió.

Con Burgos hicimos unos encuentros maravillosos, también con Heriberto Fiorillo, otro hermano nuestro. Sabía que estaba enfermo, pero no tanto. Un día la sorpresa desagradable. Se murió Roberto, hablé con Fiorillo, que lo había visto en Barranquilla, 15 días antes. Dorita me contó el final.

Así es la vida, uno encuentra los amigos, los pocos, como Miguel Yusti que se está recuperando, ya sale a caminar me dijo hace media hora, y después unos se mueren antes que otros, nosotros sobrevivimos para recordarlos con amor, saber que todo es efímero, que van a quedar nuestros libros, nada más. Este viernes recordaremos a Roberto Burgos, ahí tengo guardadas las primeras cartas que nos escribimos en 1066.

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