Dolor de patria

Natalia Bedoya

Con indignación, repudio, asombro y dolor de patria, recibimos la noticia que Jesús Santrich llega al Congreso. A los que creemos en una Colombia con equidad, justicia, y legalidad, nos duele inmensamente ver a un narcotraficante posesionarse como congresista, gracias al salvoconducto para delinquir que le otorgó el propio poder judicial.

Santrich se posesiona con ínfulas de grandeza, sabiendo que la justicia está lejos de hacerle pagar por sus crímenes, pues, por el contrario, la impunidad es el premio que recibió por su reincidencia en el delito. No solo lleva a cuestas los delitos que cometió como jefe guerrillero, sino que es un reincidente, un mafioso que siguió delinquiendo después de firmado el acuerdo de La Habana, premiado con una curul en el Congreso.

Un victimario que sin cumplir sus penas ostenta poder, recibe un salario pagado con los impuestos de los colombianos que lo repudiamos y tiene voto para decidir sobre los asuntos de relevancia nacional.

Revictimizaron a las víctimas. Hoy no tienen garantías de no repetición, no hay un mínimo de justicia y, por el contrario, delinquir paga. Un buen negocio hizo Santrich, siguió delinquiendo, dejó las incomodidades de la selva, sigue enriqueciéndose con el negocio del narcotráfico, no pagó por sus crímenes y es premiado con una curul en el Congreso.

A Santos lo tumbaron, o mejor, se dejó tumbar por ganarse un Nobel de Paz, el expresidente disfruta en el exterior mientras los colombianos soportamos los abusos de una negociación que conduce a todo menos a la paz.

Santrich es el primer eslabón, está en nuestras manos como sociedad civil utilizar todos los mecanismos para proteger la patria.

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