Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Desplome de los bienes patrimoniales

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Quien no conoce la historia está condenado a repetirla. Pero la historia de los pueblos no se reduce a aquella que fue registrada en libros y que por algunos años fue ignorada por las nuevas generaciones, cuando fuera relevada de los currículos educativos.

La historia también queda detenida en las obras de arte y en las arquitecturas de las ciudades. Afortunadamente, gracias a los foros de una comisión integrada por docentes e historiadores, los jóvenes colombianos volverán a conocer los hechos que otrora forjaron nuestra libertad, nacionalidad y cultura. Pero, mientras se desempolvan los libros, ante la indiferencia ciudadana y la negligencia administrativa, la historia detenida en la arquitectura patrimonial urbana comienza a borrarse por las inclemencias del tiempo.

¡Qué paradoja! Alguna vez en esta misma columna añoré la música que alegraba mi infancia, cuando escuchaba la trilogía de los relojes de La Ermita, de la catedral de San Pedro y de la torre de Santa Librada.

Qué iba a imaginar que, de escribir nostalgias, en pocos años tendría que pasar a un réquiem: empezarían a desplomarse los muros que detenían la historia, después que se silenciaran lo relojes.

Esta madrugada cuando recibí un mensaje de Instagram de Juana Peláez, alertando que “se caen los bienes de interés cultural y patrimonial de la ciudad”, como malpensante la primera idea que se me vino a la cabeza fue que el bloque agrietado de Santa Librada ya no había resistido más.

Dude de abrirlo y leerlo. Pero no, la noticia refería que se había desplomado un muro de la iglesia de San Francisco. Claro que cuando lo abrí sentí igual dolor; se gurda similar gratitud por el espacio donde trabajamos interaccionando con el saber humano, que por el lugar íntimo donde nos comunicamos con Dios.

El templo de San Francisco, además de ser lugar donde generaciones de caleños nos regocijamos con fe, representa varios siglos de historia. La obra arquitectónica corresponde a la época misionera que fomentó la fundación de un convento de frailes menores en la ciudad.

“A ello se dio comienzos previos los tramites rituales consistentes en permiso del Cabildo y apropiación de fondos necesarios –resaltó Nicolás Ramos Hidalgo en “Cali ciudad conquistadora”- Entre éstos se cuenta la donación que hizo el presbítero doctor don Nicolás de Hinestrosa y Caycedo, uno de los hombres más adinerados con que contaba entonces la provincia de Popayán.

Este presbítero destinó 15.000 patacones para la fundación del convento por medio de escritura pública. El convento siempre se mantuvo en todo su esplendor durante la época de la Colonia y luego en la República, fue lugar de recogimiento y centro de grandes actividades sociales, religiosas y políticas”.

Que este hecho natural provocado por las fuertes lluvias que azotan la ciudad, sirva como un S.O.S; porque desde hace un buen tiempo veo con las puertas cerradas la iglesia de Santa Rosa, La Ermita clama embellecimiento y hace unos pocos días se afectó el bahareque colonial de la fachada de La Merced.

¿Cuándo será que en las tardes los caleños volvamos a escuchar la triada de sonidos celestiales emitidos por los relojes? ¿Será que empieza la restauración de Santa Librada, antes que las fuertes lluvias nos ganen la carrera? La infraestructura urbana tiene para la historia igual valor que la escrita por los historiadores.

La recuperación del patrimonio arquitectónico colonial es una misión con gran valor histórico que el representado por el desarrollo urbanístico. Si vuelve a los colegios la historia escrita por los investigadores; que también vuelva como restauración patrimonial a la ciudad.

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