Descubrimientos

Rodrigo Fernandez Chois

Recorrí la librería con la esperanza de toparme con algo que me sedujera. No buscaba nada en particular, aunque la pasión que profeso por la ciencia ficción y la novela era una brújula para navegar en aquel río de libros. De pronto, un título llamó mi atención: “Pubis Equinoccial” de Raúl Vallejo, autor ecuatoriano a quien nunca había leído.

Recapitulé entonces que la literatura erótica también ocupaba un primerísimo lugar entre mis géneros favoritos. Más aún si ha nacido de pluma femenina. No sé por qué tengo la convicción de que la creatividad femenina es mucho más pura, exquisita y sublime abarcando todos los sentidos.

La masculina tiene elementos subversivos ligados quizá a las tormentas políticas e ideológicas que envolvieron a cada autor en su momento, además de ser menos erótica, más explícita y vulgar. No obstante, mi reparo, me hago al libro y ¡Oh sorpresa! “El erotismo es al sexo lo que la poesía es a la literatura” anotó Octavio Paz.  Lo burdo, soez y desvergonzado tienen su momento.

 Pero nunca existirá nada como la fineza del acto transformado en palabra. Aquí el ejemplo: “Tu mente se extraviaba en vericuetos de alguna abadía mientras tu carne erguida se agitaba imbricada en esa mujer de palabra inteligente.

Al momento en que te vaciabas dentro de ella ya no sentías la existencia del cuerpo y sus pequeños achaques, sino la fundición perfecta de tu idea de ti con la idea que de sí misma ella te ofrendaba cada vez que se perdía en el espasmo prolongado de su entrega. Con ella viviste el placer convertido en un ceremonial de mutuos descubrimientos.”  

Comments

Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar