Derechos de los animales

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Las corralejas de Sincelejo y la suerte del oso de ante ojos Chucho de Barranquilla, hoy inspiran esta columna que referirá los derechos de los animales. Cada 20 de enero me conmuevo porque aunque la tragedia ocurrió hace cuarenta años recuerdo la luctuosa corraleja.

Conjuntamente mi tristeza va acompañada de culpas. Mea culpa no inmutarme al escuchar la sensibilizadora canción El Progreso de Roberto Carlos: “Yo quisiera no ver ballenas desapareciendo/ por falta de escrúpulos comerciales/ Yo quisiera ser civilizado como los animales”. Mea culpa que reseño “Cien años de soledad” de García Márquez, olvidando resaltar que en el recién fundado pueblo de Macondo el primer acuerdo de sus pobladores fue de liberar a los pájaros de las jaulas y desterrar las peleas de gallos.

Mea culpa no corregir a mis amigos cuando afirman que “su mujer les trata como a perros”. Mi silencio ante tal analogía de violencia marital con el maltrato canino, tácitamente apoya que a los animales les neguemos ser sujetos de derechos. Para resarcirme quiero fundamentar esta columna con la ponencia de la magistrada Diana Fajardo a favor de un Hábeas Corpus para que el oso Chucho quede en libertad en la reserva Río Blanco de Manizales, aunque no fue secundada por la mayoría mediante un fallo que respeto pero no comparto.

Magistrada Diana, apoyo que “los animales son titulares de interés intrínsecos relevantes para el derecho, que deben ser protegidos como derechos”. Qué insólito que sigan “haciendo el oso” quienes retienen las especies animales en cautiverios. Seguro que los osos son más civilizados cuando reclaman su libertad.

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