Cuando se sostiene una conversación con gente de ideología izquierdista, a raíz del gobierno del señor Gustavo Petro, sobre todo con aquellos que llevaban años soñando con tener poder, se corre el riesgo de romper amistades, de sufrir improperios inadecuados, terminar en un encuentro boxeril o, padecer amenazas de índole violenta. Así están las cosas, tristemente.
A siete meses de gobierno, se sienten emociones preocupantes, de ingobernabilidad.
No podemos olvidar que Petro como senador y, sus correligionarios, se dedicaron a culpar de todo lo malo que ocurría en el país a Álvaro Uribe, a despotricar del “mal gobierno” de Duque y vemos ahora, increíblemente, la horrenda cantidad de masacres, una propuesta de salud dudosa, hasta el punto que ya existe agotamiento de medicamentos en el país.
El Estado de Derecho se está debilitando.
Hoy se observan cosas preocupantes como unas FF.AA. maniatadas y el “poderío” de organizaciones que tienen que ver con el narcotráfico y la minería ilegal, vaya a saber uno si autorizadas en la sombra por autoridades gubernamentales.
Después de escuchar las palabras del señor Alfonso Prada, ministro del interior y exdirector del Sena en el gobierno de Juan Manuel Santos, justificando los hechos violentos en los Pozos (Caquetá) con su inolvidable “cercamiento humanitario”, pues el país, ese decente y patriota que afortunadamente todavía le queda al país, está más que asustado, tanto que las oficinas de pasaportes mantienen atestadas, como nunca antes.
Incluso, ya se sabe que existen empresarios desmantelando sus empresas porque consideran que no tienen garantías ni constitucionales ni jurídicas, especialmente, cuando se acerca otra reforma, la laboral, promovida por la expresidente de Fecode hoy ministra del trabajo, en la que predominan los sindicatos y centrales obreras.
Anteriormente, el sindicalismo era esencial en la vida de los colombianos pero, hoy, imposible negarlo, se politizaron.
Están convencidos que ahora cuentan con un gobierno que les prestará todo el apoyo para hacer y deshacer con las empresas pero, cuán equivocados están.
Quién invierte para crear empresa, lo hace para su propio beneficio, del país y de la gente, salvo las empresas del Estado, que se sostienen con impuestos y pago de servicios. Perseguir empresarios es crear más informalidad y pobreza. Esa actitud lo que hace es alejar la inversión y acabar con el empleo. Dios nos coja confesados.
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