De la anomia a la resiliencia

Rosa María Agudelo

Cali es una ciudad resiliente, una ciudad con la capacidad de salir de las situaciones adversas con resultados positivos. Hemos afrontado con éxito los embates del narcotráfico, del paramilitarismo, de la guerrilla y de las crisis económicas. Por primera vez enfrentamos la anomia. ¿Anomia? El término se utiliza para señalar sociedades que sufren un caos debido a la ausencia de reglas. La anomia se presenta cuando ocurre un conflicto social que lleva a un sector a desconocer la legitimidad de la autoridad. Condición en la que es posible se presente lo que se llama la anomia boba, que implica situaciones sociales en las que todos resultan perjudicados.

La anomia y la ilegalidad terminan fusionándose. Algunos investigadores asocian la anomia social con la perdida de esperanza de los individuos.

Todo lo contrario, en las sociedades resilientes sus miembros tienen una visión compartida de futuro, un sentido común, que les permite interpretar y encausar los acontecimientos negativos para construir bienestar. ¿Será la anomia de Cali una situación coyuntural? Estoy segura que sí pues veo una gran capacidad para rescatar el trabajo comunitario y de construir un escenario que le devuelva la esperanza a quienes la han perdido.

Hace mucho no veía un trabajo tan arduo de las entidades públicas, las empresas privadas, los gremios, la academia y los lideres para reencontrar el rumbo. No será fácil porque hay confusión, desconfianza y sobre todo muchos agitadores que lo que quieren es que la anomia se apodere de nosotros.

Sin embargo, con lo que no cuentan es que históricamente hemos tenido la capacidad de ponernos en los zapatos de otros para buscar las soluciones y esta vez no será diferente.

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