Culminar una etapa

Hugo E. Gamboa

La gran mayoría de los colombianos y, en todo el mundo, con excepción de terribles tiranías, los seres humanos buscan ubicarse laboralmente con el objetivo final de poder obtener un justo pago a toda una etapa de trasegar, de “ganarse el pan con el sudor de la frente” pero, sobre todo, con el loable propósito de poner un grano de arena en el desarrollo del país a través de las empresas u organismos donde se desarrolle ese trajinar. Somos millones los colombianos que tenemos ese firme propósito.

Bien lo define una frase: “En la vida, lo que a veces parece un final, es realmente un nuevo comienzo.”
Infortunadamente, en Colombia, desde hace algunos años, desde el primer día de enero de cada año, con los jubilados o pensionados se comete una curiosa injusticia, al aumentarles el valor más pírrico de la cadena de aumentos que se aplican en el país. Ese aumento para ellos es el que debe aplicarse a los congresistas, que son los que menos trabajan, que viven de locha con escoltas y vehículos que el Estado les aporta para su injusta labor.

El aumento salarial para el Congreso debe ser aplicado a trabajadores activos y, a pensionados y jubilados se les debe aplicar el porcentaje que se reconoce al salario mínimo, y todos contentos. Tendríamos una sociedad más justa. Los jubilados también votan; muchos siguen trabajando como contratistas gracias a sus conocimientos específicos. La gran mayoría de ellos son el sostén de miles de familias. Por eso, ese 1,61 por ciento, es una vergüenza no solo nacional, sino mundial. Ojalá se revise.

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