Toda vez que nada está acordado hasta que todo esté acordado, lo cierto es que no se puede ni se debe hablar de la existencia de acuerdos ya concluidos en las conversaciones en La Habana.
Se ha convertido en una mala práctica hacer anuncios para fabricar la imagen de que se avanza. Pero se oculta que faltan muchos aspectos por tratar, que algunos volverán a tratarse después. Y lo que queda pendiente, siempre es más complejo o sustancial. Así ocurrió con el primer punto.
Se dijo que luego se mirará lo del latifundio, la inversión extranjera en el campo, las multinacionales y el espinoso asunto de las zonas de reserva campesina. ¡Casi nada!
Ahora se guarda silencio acerca de quiénes son los terroristas que podrían participar en política y cómo sería la relación entre esas posibilidades y el cumplimiento de las obligaciones que mandan a investigar y juzgar a los autores de delitos de particular trascendencia.
¿Por qué se está actuando de esta forma? ¿Para darle dinámica real a los diálogos, o con el fin de inventar la idea de que es necesario reelegir al doctor Santos para que el barco de las conversaciones llegue a buen puerto? Se trata de lo segundo.
Es inaceptable que, en procura de lograr un nuevo período para el mandatario, se afirme que un “acuerdo final implicaría la dejación de las armas y la proscripción de la violencia como método de acción política”. No es posible que se acepte que no haya entrega sino dejación de armas.
Si las Farc de verdad quieren la paz lo que deben hacer es dejar de cometer crímenes de todo tipo contra los colombianos y hacer entrega de las armas. Sólo en el evento de que eso ocurra será posible tener alguna esperanza.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar

