En mi libro “Derechos humanos y democracia” (ISBN958-8119-59-6), expuse que la crisis del Partido Liberal en Colombia tiene ribetes muy serios porque existe un agrietamiento en su composición, en su funcionamiento y está en vilo su vigencia.
No tiene organicidad y las jerarquías que establece no orientan a la colectividad, o no son acatadas.
fSolo recordemos cuando Horacio Serpa, después de agosto de 1998, asumió la jefatura después del triunfo de Pastrana Arango, Serpa anunció una oposición patriótica y se produjo un reacomodo de la bancada liberal que le hizo perder al liberalismo las mesas directivas del Congreso.
Álvaro Uribe, de origen liberal, llegó al poder en el año 2002, se apartó del liberalismo y gobernó con los conservadores y con formaciones políticas de camuflaje, donde los jefes liberales departamentales se incrustaron.
Desde el Gobierno de López Michelsen(1974/ 1978) el liberalismo se federalizó, funciona como 32 partidos liberales con un jefe mínimo (muchas veces, dos) en cada departamento.
El otro problema grave estribó en este comportamiento: Los últimos 5 presidentes liberales (López Michelsen, Turbay,Barco,Gaviria y Samper), no asumieron la jefatura del Partido Liberal, dejando expósito al partido que los llevó al poder, sin un desarrollo programático, sin insertar la filosofía del partido y las propuestas a la práctica gubernamental, todo por cogobernar con el partido que derrotaban.
Y sobre todo por una norma constitucional absurda que prohíbe a los altos funcionarios participar en actividades políticas.
Es decir, la norma desmantela la organicidad de los partidos y remite a los jefes a la clandestinidad, aunque todos los funcionarios públicos continúan haciendo política de manera subrepticia.
Al no asumir el Presidente de la República la jefatura del partido éste aparentemente queda acéfalo, así el Presidente dirija todos los intersticios de la vida pública. Esa ambivalencia no existe en otros países, ello permite el sostenimiento del poder por sucesión electoral, si se sabe gobernar, o las caídas electorales si se registran abusos de autoridad.
En estas circunstancias el Partido Liberal habiendo gobernado casi 20 años consecutivos(con la excepción del gobierno de Belisario Betancourt), no hizo ningún gobierno de partido al verse acosado y acostumbrado al fantasma frentenacionalista, entregó los ministerios y muchos entes significativos del Estado.
La única excepción la intento Virgilio Barco, pero fue atarzanado y presionado por el otro partido, queriendo ser gobiernistas a la fuerza.
Se impidió durante esos 20 años que el Partido Liberal recobrará su identidad y perdió definitivamente los linderos ideológicos que se empezaron a diluir durante el periodo de alternación bipartidista (1958-1974).
La connivencia y el convivialismo con el Partido Conservador lo colocaron en contravía de su razón histórica: al gobernar sin oposición, se desdibujó más.
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