Control municipal

Rodrigo Fernández Chois

Es loable la preocupación de la primera autoridad de Cali con respecto a la pandemia y a la necesidad de preservar la economía local. Como empresario del sector del esparcimiento nocturno doy fe de los controles ejercidos por la Alcaldía para velar por el estricto cumplimiento de protocolos de bioseguridad.

Protocolos que implican aforos limitados, tamizaje de temperatura; prácticas de sanitización, aseo y desinfección; y tope de horario para la actividad. Sí, el control y la supervisión de los protocolos se están llevando a cabo y los establecimientos formales los estamos siguiendo a pie juntillas para minimizar la posibilidad de contagio en la clientela y evitarlo entre los propios colaboradores.

La preocupación del Alcalde por sus gobernados es evidente. Sin embargo, hay una circunstancia que hace que todo este esfuerzo de control sea limitado.

Me refiero concretamente al hecho de que por fuera del perímetro urbano existan horarios más extendidos para la diversión nocturna y que dichos horarios sean aprovechados gran parte por población completamente caleña.

Esto desafortunadamente hace que toda la voluntad de control de la administración e incluso el esfuerzo de los establecimientos formales de la ciudad para cercar la pandemia, se conviertan en algo como: “arar en el mar y cosechar en el viento”.

Si el objetivo es controlar la pandemia es necesario ejercer una eficaz supervisión sobre la mayoría del pueblo caleño. Por esta razón sería aconsejable igualar el horario de operación de Cali con el de su periferia para hacer que la población gobernada, y que se desea proteger, asista a los establecimientos sobre los que el gobierno local ejerce un efectivo y preventivo control.

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