Colonizadores y arrieros

Alberto Ramos Garbiras

Omar Adolfo Arango, en su nueva obra literaria San Luís de Sevilla, narra una historia que va desde 1851 hasta 1946,una temporalidad de 95 años, 52 antes de la fundación de Sevilla (Valle) y 43 posteriores entregándole a los lectores una cuadro histórico, político y costumbrista que empieza describiendo la vocación agraria de la época con cultivos de añil, cacao y tabaco, y la inclinación de los hacendados por la cría y levante de ganado en amplias dehesas, como lo hacía Don Tomás Uribe, padre de Heraclio, el fundador.

El autor se refiere a la extracción del oro de las minas (el oro movía todos los negocios), lo que nos denota cómo el oro siempre ha sido el objeto de persecución por parte de los conquistadores españoles y continuó durante la Colonia que los llevó a traer forzadamente a los africanos sometidos para reemplazar la mano indígena extinguida; el oro y su extracción durante las primeras fases de la República, y el oro hoy concedido a compañías extranjeras en detrimento de páramos, ríos y bosques, o en manos de la minería ilegal y criminal que alienta también otras clases de disputas y violencias regionales.

En esta crónica novelada leemos descripciones de la naturaleza, de los entornos, de la geografía, ríos, quebradas, variada arborización, una novela con componente ambiental, a la manera de Jorge Isaacs en María, la más importante novela del siglo XIX. Precisamente Jorge Isaacs aparece mencionado en el contexto de la guerra civil de 1876, al lado de su primo, el gobernador del Gran Cauca, César Conto.

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