Miguel Yusty

¿Colombia de nuevo un narcoestado?

Miguel Yusty

Todos los acontecimientos que poco a poco se han ido ligando a la campaña de Gustavo Petro indican que sus propuestas más audaces apuntan a profundizar el estado de desorden y caos institucional que creó la constitución del 91.

Parece mentira que una constitución votada con el menor número de electores que se conozca en nuestra historia reciente, haya convertido a Colombia en una sociedad fracturada por todos los costados y en el escenario preferido para el crecimiento delirante de la diversidad y el populismo que nos ha llevado a tener que contemporizar día a día, con el surgimiento de múltiples poderes que bajo el ropaje de líderes sociales, ONG´s, comunidades ancestrales, afrodescendientes, guerrilleros, paramilitares, católicos, cristianos y protestantes, que han sabido utilizar la muletilla de la diversidad y de los derechos humanos para tomarse todas las instancias del poder ciudadano.

Petro es la mejor muestra de este desorden, pues al llevar 8 años en campaña presidencial, ha llenado el imaginario popular de toda serie de propuestas que no son graves por lo audaces, si no por el carácter desestabilizador y liquidacionista que encierran.

Decir que va a negociar con todos los grupos armados es mucho más grave que sus irresponsables propuestas sobre la reforma pensional, sobre la estatización y las expropiaciones, porque estas negociaciones, siguiendo el modelo que impuso el Partido Comunista Español en la negociación con las Farc, se repetirán si Petro llega a ser presidente, en cada uno de los supuestos acuerdos que no serán otra cosa sino la legitimación política de todas las bandas que forman parte del crimen organizado.

Lo cierto es que la propuesta extenderá el carácter y la naturaleza de las formas de gobierno que ya se dan en el sur del país y en la costa atlántica, como lo demuestran estos últimos días, donde el Clan del Golfo ha puesto en jaque la unidad territorial.

El problema más complejo que nos puede generar es que Colombia puede pasar de ser un Estado unitario a convertirse en la práctica, como está sucediendo ahora, en un Estado federal integrado por pequeñas republiquetas autónomas, al estilo del espectro mexicano, como ha quedado demostrado en este último fin de semana.

En síntesis, ya no tendremos una Colombia unida, si no un narcoestado que legitimará todos los carteles y todas las primeras líneas, como aconteció en Cali, y que nos tiene entre las 50 ciudades más violentas del mundo.

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