Clase de economía

“Hoy haremos raviolis a la napolitana”, dijo mi hermana Marisol esa soleada mañana en Dapa; y sacó de no sé dónde un aparatico plateado compuesto de dos rodillos y una manivela.

Mi curiosidad se contagió también a las cuatro chiquillas que se situaron alrededor de la mesa en la que se iba a empezar la industrial operación.

Antonia y Martina -mis dos sobrinas- y Ava e Ilse -mis dos hijas- se apresuraron a poner manos en la masa. “Qué oportunidad para enseñar una clase de economía”, pensé. Marisol enseñó la forma en que debía ser introducida la masa en la maquinita, el procedimiento para laminarla, su corte, el relleno con carne molida y el sellamiento final con la ayuda de un tenedor.

El proceso de producción inició y las ocho pequeñas manitos se movían con una agilidad que no había visto en las tareas escolares. “Chicas, voy a enseñarles las dos cosas más importantes de la economía”, les dije, cautivado por su emoción. Vamos a ver cuántos raviolis hacen en un minuto”; y con el reloj del teléfono celular comencé a tomar el tiempo. “Un minuto, un ravioli. OK chicas. Ahora vamos a hacer lo siguiente: dividamos las funciones entre las cuatro: Ava aplasta la masa, Antonia la corta, Ilse coloca la carne y Martina sella los raviolis.”

Su sorpresa fue mayúscula: ¡la producción se incrementó a cinco raviolis por minuto! “Niñas, esta es la lección más importante de la economía y se llama División del Trabajo.

Con esta práctica la producción de cualquier cosa se incrementa”. Las chiquillas continuaron felices en su faena productiva y yo me senté a contemplarlas mientras bebía una gaseosa. “Papá ¿y cuál es la segunda lección?”, preguntó Ilse, sin apartar sus manos de la carne molida. “Se llama Plusvalía  y consiste en que los raviolis más gordos y bonitos son para la tía Marisol por ser dueña de la maquinita y para mí que soy el jefe”.

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