Cinco años después frente al productor de series, el coronel Aureliano Buendia había de recordar aquella tarde remota en que su creador se negó llevarlo a que le conocieran a través del cine. García Márquez siempre tuvo un no rotundo a las propuestas de filmar Cien años de soledad, aunque el cine era su mayor sueño.
Alguna vez confesó que triunfó en la literatura al no haber logrado ese sueño, ya que hacer cine es muy costoso y requiere una millonaria parafernalia.
Que aceptó la reportería con la condición que le permitieran publicar una columna semanal de crítica de cine. Cuando García Márquez fue corresponsal de El Espectador en Europa, sacó tiempo para tomar clases de rodaje y dirección en Roma.
Muchos directores lo buscaron para pedirle que él escribiera los guiones para sus rodajes. Otros lo convencieron de que les vendiera sus derechos de autor para llevar al cine varias de sus novelas, excepto Cien años de soledad, propuesta a la que siempre se negó rotundamente por respeto a su obra cumbre.
Por eso sorprende que cinco años después de su fallecimiento, sus dos hijos hayan vendido los derechos a una empresa que se le medirá al jugoso proyecto de producir una serie, que mediante imágenes de fotografía narrará las maravillosas imágenes de realismo mágico de sus 351 páginas que ya disfrutamos unos cincuenta millones de lectores. Antes que comience la proyección, releamos sus páginas.
Este proyecto será bien recibido en la medida en que las nuevas generaciones se animen a leer la obra garciamarquiana.
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