Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Chiquillos sin chiquilladas

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Gracias a Dios esta pandemia no ocurrió en mi infancia. Qué nos hubiese pasado a mediados del siglo XX. Había un canal de televisión que iniciaba programación a las 4 pm y cerraba a las 8 pm. El Internet ni siquiera era una idea futurista. Un confinamiento nos hubiese dejado graves traumas porque la calle era escenario lúdico para una amistad entre vecinitos hermanados que nos escondíamos entre las fachadas en cojín de guerra, que corríamos con aros, jugábamos con camioncitos de madera, elevábamos cometas, montábamos en carros de balineras, zancos y patinetas. No había ningún artefacto personal que nos anestesiara siquiera un minuto.

De niños habitábamos casas grandes con solar en barrios con mangones, cantábamos en vivo desde los pupitres, éramos libres por naturaleza y nuestro ritmo vital tan dinámico, que el tango Chiquilladas describió perfectamente nuestro legítimo escenario, jugando a la pelota: “Pantalón cortico, bolsita de los recuerdos, pantalón cortico,/ con un solo tirador…Los muchachitos de toda la manzana/ cuando el sol está que pela,/ se van pal cañadó… La calle es libre si queremos pasarla/ corriendo tras del aro, llevando el andador”.

Amábamos la escuela y en vacaciones nos hacía mucha falta porque era nuestra fantasía siendo los ciudadanos de una república escolar. No hubiéramos resistido ni siquiera pocos días de confinamiento. En cambio hoy los niños sí resisten y durante varios meses, porque tenían diezmadas sus libertades y ya estaban pre-acondicionados: ciudades hacinadas, casas de 50 metros cuadrados, calles prohibidas, extinción de juegos tradicionales, televisión las 24 horas y dependencia a un artefacto personal que anestesia.

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