Las elecciones presidenciales que se cumplirán este domingo 31 de mayo son mucho más que la decisión favorable por un candidato o candidata.
Constituyen a mi juicio una expresión plebiscitaria por la continuidad de un modelo de gobierno o un cambio absolutamente radical del mismo.
Pero sin duda, serán la expresión caudalosa –se espera superar los índices de abstención en elecciones pasadas– de la polarización política a la que hemos llegado los colombianos, exacerbados por sentimientos de odio y miedo que los candidatos que lideran la intención de voto en la mayoría de las encuestas han sabido capitalizar.
Es preocupante comprobar a medida que transcurren los días y se aproxima la fecha señalada, que gran parte de esos votantes potenciales, no ha leído las propuestas o programas de gobierno, ni siquiera el del candidato de sus preferencias. La radicalidad e intransigencia parecería el factor número uno del votante.
Hay que “aplastar” al otro, hay que eliminar al contrario por lo que representa para cada uno.
Y claro, cuando se intenta entender las posturas extremas de derecha o izquierda, aparecen argumentos que para cada sector lucen válidos.
Reelegir el modelo actual del gobierno del “cambio”, significa para la oposición, reelegir sus malas prácticas que han sido reveladas por medios de comunicación, por políticos y analistas, que anotan como positivo haberles dado voz a grupos humanos históricamente desconocidos pero cuestionan su incapacidad de ejecución, amén de los escándalos que lo sacuden recurrentemente.
La extrema derecha, dividida en una pugna intestina, propone regresar a un modelo que brinde estabilidad jurídica y económica afectadas por el actual sistema, pero que también tuvo exclusiones y hegemonías suficientemente documentadas.
El clima de efervescencia y sectarismo genera temor por las implicaciones de los resultados de esa primera vuelta.
Otros, entre quienes me cuento, creemos que existen opciones moderadas, incluyentes, con experiencia para gobernar, donde caben todas las formas de pensamiento político y por supuesto con el respeto a los valores y principios consignados en la Constitución del 91.
Es válido votar en primera vuelta por convicción y no contra nadie. Algunos de mis lectores conocen de mi afinidad y cercanía durante casi dos décadas con Sergio Fajardo, acompañando sus principios, su conocimiento profundo de este país que ha recorrido tantas veces pero sobre todo su coherencia.
Por eso mi voto este domingo será por él y lo que representa.|
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